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Si por ellos fuera...


Desde que ETA anunció que en breve llevará a cabo el desarme de la organización, las declaraciones de los representantes políticos se han prodigado por doquier. El Gobierno español y algunos socialistas, los que pasaron por él y dejaron la democracia como un harapo, han vociferado a pleno pulmón, negando su importancia e ignorando que las decisiones históricas deben de analizarse con perspectiva política de futuro, no con rabietas de viejos marcos discursivos. Todos, el señor Rubalcaba entre ellos, han insistido en una cuestión en la que están invirtiendo un gran esfuerzo ideológico y muchos recursos mediáticos: deslegitimar la existencia de ETA a través del relato. A partir del cese de la lucha armada en 2011, esa idea se ha vuelto escurridiza, se ha introducido en cualquier discurso y se ha convertido en el relato hegemónico y en condición obligatoria para ser demócrata de pro. Las arrogancias políticas y hasta vengativas que se han tenido que oír estos días al hablar de la dispersión o de los presos gravemente enfermos, delatan, en realidad, la frustración de quien sabe que no posee victoria alguna. Hay un poema que ante el empeño del poder por contener el porvenir y retener su propia crónica, dice: «Si por ellos fuera le pondrían un durísimo freno a la historia». Y añade, «tienen pánico de que esta se desboque y les galope por encima».