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CRÍTICA «Harri zopa»

Fábulas que nacen en los límites de los sueños


Traducida en nuestras carteleras con el título “Harri Zopa”, “La soupe au caillou” se asoma a la gran pantalla como una galería fresca y saludable que nos descubre un modelo de animación que apuesta por la libertad creativa, la inteligencia y la diversión destinada a los más pequeños.

Detrás de este proyecto, compuesto por nueve pequeños cortos o historias que rondan los seis y siete minutos de metraje cada uno, se encuentra Arnaud Demuynck, un prestigioso director, guionista y productor independiente que encontró en el año 1995 un territorio propio para desarrollar sus propuestas a través de Les Films du Nord, una productora y distribuidora especializada en cortometrajes de animación que incluye más de cien pequeñas joyas. Compuesta de ocho partes, todas ellas comparten entre sí la idea de reinventar algunas fábulas y cuentos mediante un tratamiento que, lejos de traicionar el mensaje original, lo amplían gracias a un tratamiento de la comedia que coquetea con lo surreal. Enclavada en la fina línea que separa lo real de los sueños, esta película nos descubre, entre otras crónicas, las peripecias de un chaval que en su empeño por dormirse y emplear la fórmula de contar ovejas, topará con que su habitación ha sido ocupada por un rebaño.

En el corto “La aventura de vestirse” topamos con la odisea accidentada que protagoniza otro chaval que, cada mañana y antes de ir a su no muy querida escuela, vive todo tipo de peripecias mientras intenta apropiarse de su huidiza ropa.

Estos son varios ejemplos de la intencionalidad de un proyecto que incluye entre sus virtudes un tratamiento estético muy singular y cambiante, ya que el trazo de los dibujos animados cambia por completo de un cuento a otro.