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Con «V» de Vendetta


Se diría que están investidos por una suerte de gracia divina. Que son «Los Elegidos». Disponen qué es delito y qué no lo es. Quién debe cumplir castigo, aunque no haya delito y qué delito no deben ser castigado. No están exentos de fanatismo y disimulan mal el gusto por la crueldad. Se les distingue por esa alergia a la paz, que hace que no se mencione jamás en sus escritos ni en sus discursos. Hace 400 años, habrían sido inquisidores. Hoy también, pero se llaman de otra manera; políticos, periodistas, tertulianos… Entre todos ellos brillan con luz propia, los tutores de la dispersión. Son aquellos a los que el castigo, la condena, la cárcel de presas y presos vascos, no termina de saciarles debidamente… y decidieron echar mano de sus padres, sus hijos, sus amigos...

Los mismos que a raíz del estreno de la película “Motxilaren umea”, salen diciendo (no sin que se note un cierto berrinche), que la izquierda abertzale utiliza a los niños para reivindicar el acercamiento. Los que no parecen sorprendidos de nada de lo que la película cuenta, pero entrecomillan la palabra sufrimiento, para que no se nos pase por alto, de qué hacen chirigota. Los que, finalmente, argumentan que su padre hizo y su madre dejó de hacer, que es la forma más directa de decirles a niños y mayores, hijos o padres: «Tú también debes pagar por ello».