29 MAY. 2018 Entrevista DAVID PALOMAR CANTAOR «El flamenco es una manifestación cultural importante» David Palomar (Cádiz, 1977), es de los cantaores más notables de la ciudad trimilenaria, abanderando los atávicos estilos de su Bahía. Arqueólogo del árbol del flamenco, se renueva a cada paso que da, venerando a sus maestros que los lleva como bandera: Aurelio Sellés, Mariana Cornejo, El Flecha, entre otros. Y es que Cádiz lo lleva en su andar, en su rictus, en sus modales para así impulsar su generosa actitud contemporánea, que es lo que le hace grande y único en su especie. Última actualización: 31 MAY. 2018 - 10:59h Curro VELÁZQUEZ GAZTELU Mañana viene al ciclo flamenco BBK, con el espectáculo “¿Qué pasaría si pasara?”. Viene acompañado por otros tres que componen la Cía Torrotrón (grito de guerra del flamenco gaditano): Ricki Rivera, con un premio Goya a la Mejor Canción en el año 2015; el bailaor “El Junco” y el percusionista Roberto Jaén. En Cádiz va surgiendo una nueva generación de flamencos que están rescatando el cante genuino de la propia ciudad. ¿Pero, qué cree que ha pasado en recientes décadas que parecía que no había relevo generacional? Creo que este cambio de generación se ha producido de forma natural. Ha habido un cambio en las formas de vida cotidiana. Antes había más sociabilidad, se juntaba más la gente para escucharse, no había tanta tecnología, además parece que ha habido un hueco estas décadas, en las que no surgían cantaores y cantaoras genuinos de Cádiz que preservaran sus cantes. ¿Cuál cree que es el sello propio del cante de Cádiz? El cante gaditano tiene afinación, dulzura. Los cantaores gaditanos vocalizan las letras. Es un cante melódico, tiene una delicadeza especial. Y es que estar junto al mar Atlántico y el estar mirando a América ha tenido y tiene mucho que ver con todo eso. Y por ello, ese intercambio musical con otras músicas le ha dado su genuinidad. Nosotros tenemos el oído más hecho y abierto. El cante de Cádiz y de su Bahía, no es un cante tan de la Campiña como el de Jerez. Menos “rudo” que este. ¿Ha sido determinante para su forma de tratar el cante la relación que ha tenido Cádiz siglos tras siglos con América? Evidentemente. En Cádiz no paraban de llegar barcos de América y viceversa. Según estudiosos, el tango argentino ha bebido del tango flamenco y esos cantes que denominamos de ida y vuelta, esto es, cante que fue a América y al volver se flamenquizó, como la Milonga, Colombiana, Vidalita Guajira, etc. ¿Es posible que voces que podían haber terminado en el flamenco, la han absorbido el carnaval gaditano, dado que Cádiz es la potencia carnavalera por antonomasia? ¿Por qué? Claro, el carnaval de Cádiz es muy mediático y desde tiempo ha absorbido los aficionados al flamenco. En Cádiz, hoy en día, lo que se tiene más a mano es el carnaval, lo que está en la calle, en la escuela, en la prensa día a día. El flamenco lo tiene menos a mano, tiene que tener él una afición muy grande o en la propia familia para que sepan quién era Manolo Vargas, Pericón de Cádiz, La Perla de Cádiz... La gente de antes tenía más afición que hoy en día y por esto tenemos que luchar, porque vuelva la afición que antes había en Cádiz ciudad y decirle a la gente que tenemos un gran tesoro. Vemos cómo David Palomar le da una importancia a sus letras, dándole un trasfondo social importante. ¿Por qué esa necesidad? Somos flamencos, pero estamos en la vida, nos duelen las cosas que pasan. Hay que utilizar el flamenco para decir cosas. ¡Ya está bien de callarnos! Pero que el flamenco está hecho para eso y hay que desobedecer las reglas y decir cosas interesantes de nuestros días y si no, se convierte en pura hipocresía. El flamenco es también una manifestación cultural importante. Y por eso hay que inmiscuirse en los temas sociales. ¿Cree que el flamenco está falto de letras de este tipo? La verdad es que sí. Pero también está falto últimamente de letras propiamente flamencas y por supuesto sociales o/y políticas. El interesarse por poetas y sus palabras, al igual, hace mucha más falta en el flamenco. Aunque sí es cierto que últimamente van saliendo propuestas muy válidas. Hay que desechar letras que no están al día y que están muy cerca del machismo, el autoritarismo, etc. ¿Es importante ser de Cádiz para cantar esos cantes genuinos como las Alegrías, Cantiñas, Tanguillos, etc…, con ese aire y ese paladar a salinas, a viento de poniente y a piedra ostionera? Yo pienso que sí rotundamente. Cualquier persona puede cantar estos cantes con gusto. No me cabe la menor duda. Sí es cierto que se nota el que lo ha vivido y mamado y el que ha presenciado el flamenco gaditano cuando haces cantes de la zona. Se nota en la manera de respirar, en la forma de dejar caer el cante. Una cosa es cantar bien y otra es darle el aire que se merece cada cante. ¿Queda algo del surrealismo gaditano que escribía sobre él el escritor André Breton y que a pie de calle lo vivían los flamencos Ezpeleta, Pericón, El Beni, etc…? Por suerte aún Cádiz es surrealista, para ser la provincia de Europa donde más paro hay y que la gente viva feliz, tiene que tener un toque de surrealismo. Es como un antídoto ante las penas y las carencias. Porque no es más feliz el que más tiene, sino el que sabe aprovechar mejor sus recursos. Porque la lucha también es vivir una vida plena de felicidad y esto no depende de lo material. Yo cuando me voy con mi hijo a ver el atardecer a la playa de Cádiz con un helado de un euro, para mí, en ese momento puedo comprobar que la felicidad existe. Y es que Cádiz sabe darle la vuelta a las cosas. ¿De qué trata el espectáculo que vamos a ver en el ciclo BBK flamenco mañana junto a Ricky Rivera, El Junco y Roberto Jaén? Es precisamente surrealismo puro, ironía, sarcasmo. Es meter en la coctelera flamenco de Cádiz, teatro, monólogos. Recordando a nuestra anterior gran generación: Chano Lobato, Juanito Villar, Santiago Donday y demás. Nosotros lo hemos bautizado como «una obra en movimiento constante para cuarteto flamenco extrovertido». ¡Toma ya! (risas). De la compañía flamencamente abierta “Torrotrón” (más risas). Nos dijeron que parecíamos Les Luthiers flamencos. Hay que desobedecer las reglas y decir cosas interesantes de nuestros días y si no, se convierte en pura hipocresía.