31 MAY. 2019 CRíTICA: «Ärtico» La gravedad de los valores humanos Víctor ESQUIROL El de Joe Penna (famoso artista que hizo fortuna en YouTube) fue sin lugar a dudas uno de los debuts más gratificantes de la anterior temporada festivalera. Presentada en sesión de medianoche en Cannes, y refrendada por una cálida acogida en Sitges, esta ópera prima es una película que apenas supera la hora y media de metraje, y que está levantada con la presencia de un solo protagonista (quien, esto sí, se apoya eventualmente en dos personajes satélite). El rostro pétreo (y congelado) de Mads Mikkelsen se erige aquí en monumento a un instinto de supervivencia que, por momentos, emociona. “Ártico” es, como el propio título indica, una angustiosa aventura en la que el tempo lo marcan unas constantes vitales en permanente riesgo de extinguirse. Como ya sucediera con la celebrada “Gravity”, de Alfonso Cuarón, las condiciones ambientales (todas ellas remando descaradamente en contra de cualquier forma de vida) se reivindican como condicionante y a la vez como catalizador de la acción. Con una temperatura media y constante de setenta grados centígrados bajo cero, un hombre se enfrenta a los elementos y a la soledad (la peor de las consejeras) sin más esperanza que la de que su corazón alcance a latir una vez más. En estas gélidas circunstancias, el director y coguionista se refugia en lo metódico, centrando toda su atención en todos aquellos procesos que, a lo mejor, salvarán la vida de nuestro sufrido protagonista. El esmero con el que Joe Penna se detiene y retrata los rituales en los que debe cimentarse la supervivencia, obedece a una estupenda gestión de un espectáculo (por así llamarlo) que apenas requiere de cuatro líneas de diálogo para captar nuestra atención. A esto y a la consecución de un plan maestro que, en última instancia, nos lleva al examen más duro. Esto es, ver cómo aguantan la calidez de los valores humanos (la empatía, la solidaridad...) tan por debajo de su punto de congelación.