09 JUN. 2019 CRÍTICA «El vendedor de tabaco» Antes de que llegara el Tercer Reich Víctor ESQUIROL Seguir la actualidad política en el continente europeo (ese nuevo campo de batalla para personajes tan peligrosos como Steve Bannon) se ha convertido últimamente en un deporte de alto riesgo cardíaco. Durante estos últimos años, el cine ha redoblado esfuerzos para recordarnos los peligros de la amnesia histórica, pero éstos no han parecido importar demasiado. Al fin y al cabo, ahí volvemos a estar: en esa senda del autoritarismo. En ese via crucis de los extremos intolerantes (y desde luego intolerables); de las posiciones «ultra» que no pueden existir si no es atacando a todo lo que esté a su alrededor. En este tensadísimo panorama, precisamente, se encontraba aquella Austria de 1937. Ahí mismo se sitúa la acción de la nueva película dirigida por Nikolaus Leytner, y una de las últimas en que tendremos ocasión de disfrutar del talento interpretativo del recientemente fallecido Bruno Ganz. El actor suizo se pone en la piel del Sigmund Freud, legendario padre fundador del psicoanálisis que, en esta función, queda relegado a un honroso papel secundario. El protagonismo se lo queda el joven Simon Morzé, evidente punta del iceberg de un mundo que aún tiene que aprender a definirse ideológicamente. Para llevar a cabo tan crucial y sensible labor, el cineasta austríaco decide sentar el subgénero cinematográfico con el que trabaja (esto es, el «coming of age», es decir, aquel que trata sobre la entrada en la edad adulta) en ese diván donde pueda desparramar sus traumas. Así avanza esta extraña película de época, entre la realidad y unos sueños en los que están las claves para entender aquella pesadilla del pasado. Aquel infierno que, a lo mejor, se está reproduciendo ahora mismo, delante de nuestros morros. En el plano teórico, la propuesta es fascinante... a la práctica, todas estas buenas intenciones acaban siendo presa de los vicios más narcotizantes de las producciones de –supuesto– prestigio.