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«ANTZARA EGUNA», CÓMIC SOBRE SANTI BROUARD

PÍLDORAS EN BLANCO Y NEGRO PARA RECORDAR LO INOLVIDABLE

En el 35 aniversario de la muerte de Santi Brouard, Txalaparta publica el cómic «Antzara Eguna», con texto de Harkaitz Cano e ilustrado por Adur Larrea, sobre la figura del pediatra abertzale que cuidó de sus jóvenes pacientes con igual cariño que de su pueblo.


En un país acostumbrado al sobresalto, el drama y la movilización como consecuencia casi ineludible de un conflicto irresuelto, la muerte de Santi Brouard por mercenarios del Estado arrasó todos los diques emocionales y dejó a gran parte de este pueblo con una inédita sensación de orfandad.

Ese día, además de una familia y de miles de corazones, varias cosas se rompieron en Euskal Herria, y la esperanza de muchísima gente no fue la menos importante de ellas. El presidente de HASI y mahaikide de HB no era solo una persona apreciada en su espacio ideológico más cercano, sino también un político respetado por propios y ajenos y un negociador nato, que trabajó con denuedo por alcanzar una solución dialogada. Acribillándolo, sus verdugos quisieron mandar un mensaje de guerra y confrontación incompatible con los anhelos de la sociedad vasca.

Y de paso, aquellos que apretaron el gatillo –Luis Morcillo y Rafael López Ocaña– y quienes les ordenaron hacerlo con cargo a los presupuestos generales del Estado dejaron sin pediatra a miles de niños y niñas, cuya salud y bienestar Santi guardó con el mismo celo que empleaba en la batalla política.

Un proyecto que nació para guión

Esa batalla, esos anhelos, esos pequeños pacientes y esa vida marcada por el compromiso se nos muestran en “Antzara Eguna”, un cómic editado por Txalaparta argitaletxea con la figura de Brouard como eje sobre el que pivota toda una recreación de aquella época en la que los otoños eran más grises.

El blanco y el negro son los colores elegidos para dar forma a este trabajo de percha artesanal, donde Harkaitz Cano pone las palabras y Adur Larrea las ilustraciones, y cuyo origen, según explicó ayer el escritor lasartearra, es la propuesta que le lanzó un productor de cine que pretendía rodar una película sobre el dirigente abertzale. En esa tarea ha dedicado tiempo –varios años– y esfuerzo, y cuando el cineasta acabó desechando la idea, Cano pensó que ahí había material para hacer un cómic, un género «fronterizo» entre la literatura y el cine.

Y cruzó su camino con el de Larrea, que ayer, en la presentación llevada a cabo en el edificio de La Bolsa de Bilbo, destacaba que su compañero le había dejado «muy buenos ingredientes» para sintetizar un trabajo que entremezcla historias y estilos y que se centra en la cotidianidad de su protagonista, con la consulta como centro de operaciones y su labor como médico como baza principal para acercar su figura a los lectores.

Porque, como señaló Cano, en el caso de Brouard se podría hablar de su «carisma político», pero también del «humano», ese que salía a relucir cada vez que se ponía la bata.

Aunque, por supuesto, el clima político y los quehaceres militantes también aparecen en sus 135 páginas, que están salpimentadas con pasajes de su vida familiar en un relato que siendo ficción ofrece una gran verosimilitud. Eso es algo que hay que apuntar en el haber de los autores, que han contado con el testimonio de muchos allegados y también con la agenda de Brouard, una que asoma en su bolsillo en numerosas fotografías y que Cano ha atesorado durante bastante tiempo.

Esa libreta, además de números de teléfono y apuntes de todo tipo, guardaba varias citas literarias, algunas de las cuales aparecen en este cómic y que han servido al escritor de puente para acercarse a la «cosmovisión» del médico lekeitiarra. A partir de ahí ha sido el turno de la ficción y «la construcción especulativa», que permite evocar una comida con Eva Forest y Alfonso Sastre que nos regala una sublime conversación a tres.

De esta forma, con el lápiz y la tinta de Adur enmarcando el guión, en el cómic se va formando un narración cuyo desenlace es conocido y que aún genera congoja. Por ello, ha sido «un reto» lograr que esa tragedia no lo impregnara todo, que no eclipsara la vida que le precedió, que es lo que se nos cuenta. «Existe un drama que recorre todo el cómic, pero hay otras vertientes que tienen más peso», explicó el narrador de esta historia.

Cano admitió que escribir sobre Santi Brouard era una «responsabilidad», algo en lo que abundó Larrea. «Estás hablando de una persona que ha existido y que merece todo el respeto», señaló, apostillando que en el proceso de acercarse a su figura ha visitado el portal donde tenía la consulta. «No ha cambiado nada, está igual que entonces y verlo da impresión», explicó el dibujante.

«Contar nuestra propia historia»

«Está claro que tenemos que contar nuestra historia, ya que de lo contrario serán otros quienes lo hagan», señalaba a GARA hace unos días Garazi Arrula, editora de Txalaparta, una valoración que Adur Larrea redondeaba ayer, dedicando sus primeras palabras a todas las personas y organismos que les han acompañado en el proceso de elaboración de este trabajo, que han permitido un ejercicio de memoria que las instituciones rehuyen con demasiada frecuencia.

En el otoño de 1984 nos arrebataron a una persona cuyo corazón abarcaba todo un país, y 35 años más tarde unas viñetas sirven para recordar por qué le quería tanto este pueblo. Y es que hay cosas que no se deben olvidar y hay personas que son inolvidables.