24 DIC. 2019 LA VERDAD Kore-eda se pasa al cine de autor europeo Mikel INSAUSTI Las incursiones de los autores orientales en el cine occidental suelen ser miradas con lupa, porque existe la creencia de que les cuesta adaptarse a otro idioma que no sea el suyo, o que se pierden en la traducción y renuncian a su verdadera identidad. Puede que haya ocurrido en algún caso, pero no siempre. En lo tocante a Hirokazu Kore-eda creo que el problema está más en los juicios preestablecidos de cierta crítica que en el propio cineasta nipón, que en todo momento es plenamente consciente de estar haciendo una película de autor europea, muy al gusto del mercado francófono. Decir que la podía haber hecho Assayas o cualquier otro es no decir nada, puesto que en sus declaraciones con motivo de la sesión inaugural en la Mostra de Venecia, el maestro japonés dejó claro que era obligado desarrollar los diálogos más que en sus anteriores películas, al contar con personajes pertenecientes a otra cultura. Por lo que respecta a la estelar Catherine Deneuve, la veterana actriz, que actualmente descansa por problemas de salud, se cuido muy mucho de eludir las preguntas relativas a si se estaba interpretando en la película a sí misma. Manifestó no identificarse con el personaje de esa diva caprichosa y egocéntrica, a pesar de que Kore-eda le dejó improvisar en el rodaje y hacer bromas sobre Brigitte Bardot y las opiniones políticas de figuras públicas. Tiene razón, no obstante, en cuanto que hay una deliberada melodramatización, que no llega a propósito de la relación maternofilial a los extremos de “Queridísima mamá” (1981), la película de Frank Perry sobre Joan Crawford (Faye Dunaway) y su hija Christina (Diana Scarwid). Aquí Juliette Binoche en el rol filial es la que muestra más resentimiento, al descubrir que su madre ha inventado y alterado vivencias en sus memorias recién publicadas, con tal de no asumir sus responsabilidades.