10 OCT. 2020 EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS DE TRAPO Y CORDEL DE TONY MILLIONAIRE La editorial independiente Barrett acaba de publicar «Mono de Trapo», una antología que recoge la obra del magistral dibujante estadounidense Tony Millionaire dedicada a su icónico personaje de trapo y cordel y a su inseparable amigo de ojos de botón Don Cuervo. Una edición de lujo para un clásico de culto no lo suficientemente conocido y de lectura urgente. Raúl BOGAJO Tony Millionaire es un dibujante reconocido dentro del mundo del cómic estadounidense pero, sorprendentemente, no tanto por el público europeo a pesar de que a sus historias, sus guiones y su oficio con los lápices son merecedores de eso y más. Casi todas las referencias a Millionaire hacen mención al underground y a esos autores del submundo de la historieta, bien es cierto que las tiras “Maakis”, las aventuras de dos personajes borrachuzos, Uncle Gabby, un mono irlandés y Drinky Crow, su inseparable colega de aventuras etílicas, se sitúen argumentalmente en el lado oscuro del tebeo, pero las historietas de Millonaire aspiran a una lectura mucho más cristalina. Tampoco hay que olvidar que Millonaire es más conocido en su país por sus tiras gráficas publicadas en diarios nada alternativos como “The Wall Street Journal” y “The New York Times” que por sus historietas. Además de ser un dibujante respetado, Millionaire, nacido en Boston en 1956 como Scott Richardson, es un tipo querido y admirado más allá del mundo del tebeo; cómicos y actores de la talla de Bob Odenkirk (“Breaking Bad”, “Better Call Saul”), Martin Olson (uno de los responsables de la serie de animación “Phineas y Ferb”) o Matt Groening (“Los Simpson”) no dudan en rendir culto a este autor que, como ocurre muchas veces con los grandes a los que se les suma el apelativo “de culto”, irradia un aura mucho más luminoso en la endogamia profesional del sector que lo que trasciende de su obra al público en general. En el Estado español apenas conocemos la obra de Millionaire; un volumen de “Billy Avellanas” que publicó La Cupula en 2007, reeditado hace un par de años, y los cuatro primeros volúmenes de “Sock Monkey” que aparecieron en 2008 en Rossell Comics es, hasta este momento, todo lo que podíamos degustar de este autor premiado con varios Eisner y Harvey, dos de los galardones más ansiados de la industria del cómic. La pequeña editorial independiente sevillana Barrett contribuye a subsanar este imperdonable olvido con la publicación, por primera vez en el Estado español, de una antología de “Sock Monkey” o “Mono de Trapo” que recoge, en 340 páginas, las aventuras de este entrañable personaje y la evolución del mismo a través de la imaginación, los lápices y la pluma de Millionaire. Una edición impecable y majestuosa, de estantería gourmet, que repasa desde los primeros volúmenes de línea más sobria, hasta el magistral uso de colores que remiten al álbum ilustrado infantil y, según la reseña de propia editorial, a «estilos gráficos clásicos presentes en las historias de ‘Winnie the Pooh’, creadas por E. H. Shepard, o en las de ‘Raggedy Ann’ y ‘Raggedy Andy’, obra de Johnny Gruelle», pasando por obras de temática gótica y el uso del rayado y del claroscuro, luces y sombras también en una temática más esquiva a la interpretación y más acorde a la constelación gráfica del urderground. Universo onírico y fantástico “Sock Monkey” o “Mono de trapo” narra las aventuras de un mono de trapo y su inseparable compañero de corredurías Don Cuervo, un cuervo de juguete, con ojos de botón, capaz solo de volar con las alas de la imaginación, donde la mezcla de aventura, fantasía y delirio narradas desde la aparente inocencia e ingenuidad del cuento infantil dejan entrever un trasfondo filosófico y antropológico que conecta con el clasicismo de El maravilloso Mago de Oz y “Alicia en el País de las Maravillas”. Cuentos que, desde un despliegue de tipos y modelos propios del relato infantil como el protagonismo de personajes antropomórficos, remiten a un universo onírico y fantástico por el que se cuela todo un tratado ontológico del absurdo. Como las plagas de hormigas y termitas que devoran la magnanimidad y sobriedad de esos edificios victorianos en los que transcurren las historias de Millonaire, los relatos de “Mono de Trapo” socavan ese armazón moral del mundo adulto, a menudo desde la ironía y el humor de trazo grueso y contundente pero de forma mucho más elegante y efectiva, desde la delicadeza y la ternura. En palabras del propio autor: “por fin he escrito el libro infantil que siempre quise encontrarme en algún armarito de casa de mi abuela”. El recurso a la ternura como antídoto contra la apatía y el aburrimiento es en “Tío Gabby”, el capítulo que cierra esta antología que presenta Barrett, una delicia poética narrada en forma de aventura a la vez que una reivindicación del asombro ante lo cotidiano por medio de la fantasía. Tío Gabby tiene un gran problema poético de introspección: recuerda cosas que no son suyas; además, dentro de los círculos poéticos goza de un extraordinario talento como «desnombrador»; ¿en que consiste este especial talento? En retirar los nombre a las cosas y devolverlas a su estado natural o como dice Don Cuervo «devolver la belleza al mundo» o, lo que es lo mismo, poner en tela de juicio la cartografía exhaustiva del mundo en ese afán por inventariarlo y registrarlo todo y que acaba por desahuciar a la imaginación de los territorios de la fantasía. Una apelación a aquellos lugares de un mundo inexplorado y que en los viejos mapas aparecían habitadas por monstruos, por dragones: hic sunt dracones o aquí hay dragones. Millionaire es un es un sabio del tebeo y un avezado lector de libros infantiles, además de un soberbio dibujante que sabe de sobra como hacer penetrar por sus viñetas los trazos John Tenniel, ilustrador de las aventuras de Alicia y del maravilloso W. W. Denslow y sus dibujos para el mago de Oz. En el dibujo de Millionaire se advierte el trazo nervioso de Robert Crumb o la locura barroca de Clay Wilson, pero el estilo narrativo de “Mono de Trapo” desprende, sobre todo, el perfume de los clásicos, la claridad de la línea Windsor McCay y la fluidez narrativa de maestros como George Herriman. Un estilo gráfico acorde con la recurrencia de Millionaire a la fantasía, a los decorados victorianos y al género de aventuras como aderezo por el que colar un mundo de tensiones existenciales a través de personajes que habitan una casa de muñecas. Un mono de trapo un cuervo de trapo y, a veces, una muñeca de carácter intempestivo, juguetes que en los lapices de Millionaire forman parte de ese otro juego de narrar que esconde mucho más de lo que en la infantil apariencia desvela. “Mono de Trapo” tiene el aroma de esos libros de culto en los que de su lectura no se sale por la misma puerta de entrada, muchas veces ni siquiera se siente el apremio de salir de unas páginas que se acaban convirtiendo en un hogar de papel en el que quedarse. Aventuras de piratas, cuentos góticos, historias fantásticas y de horror absurdo, historias de amistad, de amor y ternura, todo esto narrado magistralmente y con una fluidez entre viñetas propia de un maestro, de un millonario en las artes del oficio del tebeo. “Mono de Trapo” es un libro de esos que se empiezan a echar de menos al instante, en cuanto se terminan de leer.