22 ABR. 2021 El viaje, más allá de lo físico Ha expuesto en diversos países pero Bergara no ha visto su obra desde que empezó a dar sus primeros pasos en la pintura. Tras 45 años, una vida dedicada a la creación, y convertido en un artista reconocido, Jesus Mari Lazkano regresa a aquellas calles que lo vieron crecer y lo hace con una muestra comisariada por su hija Irune. Expone once trabajos, una selección de lo realizado en estos últimos ocho años. Y su mirada vuelve una vez más al Ártico. Xole ARAMENDI ALKORTA BERGARA El título de la muestra, “Bitakora koadernoa”, hace alusión a las hojas en blanco que acompañan a Jesus Mari Lazkano en su día a día y especialmente en cada uno de sus viajes. «No es más que el punto de partida para trabajar luego en mi estudio. El cuaderno es como si fuera la portada de un libro: lo abro y puedo encontrar muchos discursos en su interior». Para el artista el viaje va más allá del traslado físico. Lazkano habla del «viaje mental, de la apertura de la cabeza. Es un cambio de actitud. Cuando viajamos estamos más atentos, más receptivos, los sentidos están más a flor de piel. Siempre se reciben más cosas que en la vida doméstica. Es saber aprovechar todo eso. Y para recoger todo eso el soporte perfecto son los cuadernos». Se muestra satisfecho con el resultado de la exposición, que se puede ver en la sala Aroztegia hasta el 23 de mayo. Se compone de tres obras de gran tamaño –más de cuatro meses de trabajo– junto a otras más pequeñas y refleja la variedad de formatos en los que trabaja: «El gran formato permite verlo desde la distancia, pero también acercarte y bucear en él». En estos últimos diez años, su obra está vinculada a grandes paisajes en transformación, duros y fríos. Es lo que le da unidad temática a la muestra junto al color, que va del blanco al azul. Hay una excepción, la obra que da la bienvenida, la única en la que predominan los tonos cálidos. «Se trata de un iceberg sobre un fondo marino en un atardecer. Es más amable, frente al resto, que son más rotundas. Irune ha elegido las obras que, adecuándose al espacio, articulan una unidad de color; se trata de una continuidad», cuenta. Es la primera muestra individual comisariada por su hija. El artista remarca el interés del cruce generacional: «Hablamos lenguajes similares, pero ella ha crecido con otro mundo visual y otros referentes culturales y es interesante el cruce. La visión de esta muestra es suya; en mi opinión, rica. Responde a otra forma de ver el mundo». Colores vivos Irune Lazkano destaca la viveza del color de la obra expuesta en Bergara. «El blanco actúa como efecto pantalla y absorbe cualquier tipo de color. En un atardecer, aunque haga 20 grados bajo cero, los blancos se ven naranjas o rojos encendidos. No son tonos apagados, los colores se encienden», aclara al respecto el pintor. Al preguntarle por los criterios utilizados al seleccionar la obra expuesta en Aroztegia, la comisaria destaca la dualidad entre la belleza del paisaje y su fragilidad ante la acción del ser humano. El pintor está de acuerdo: «Mi trabajo tiene una carga de profundidad que probablemente está escondida en las capas inferiores. Hay una especie de campo energético que hace que te provoque una reacción. Y te haga pensar. Está unida a la idea de la fragilidad, de inseguridad, de un paisaje que en cualquier momento puede romperse. De ahí esa sensación de temporalidad, de caos, de crisis del paisaje. Y ella ha sabido verlo», dice. Está convencido de que «la realidad siempre nos devuelve algo interesante. La labor del artista es desvelar todas esas caras ocultas que están ahí y que una observación detenida nos puede ir descubriendo. Al igual que las aproximaciones científicas, las artísticas pueden ayudarnos a entender esa realidad. En realidad, el arte no deja de ser una herramienta más de conocimiento. No lo utilizamos habitualmente, pero para mí es esencial a la hora de relacionarme con el mundo y de esa manera estableces una relación rica con la realidad». Más que con el paisaje, trabaja con la experiencia sobre ese paisaje. «Es en ese momento cuando sientes que ocurre delante de tus ojos. No solo a nivel visual, sino también táctil y sonoro. En consecuencia, la sensación es mucho más rica y global. Y te permite manipular y recrear el paisaje posteriormente». Porque aunque su pintura se define como realista, no es exactamente fiel a esa realidad. La ficción juega un gran papel en su obra. «Son piezas construidas a partir de fragmentos de diferentes lugares; es un puzzle». No hay bocetos colgados en la sala Aroztegia, pero el catálogo editado permite ver su proceso creativo. Es indudable el poso que dejó aquel viaje al Ártico, allá por 2017. «No soy de resolución rápida, me gusta ir lento, ir observando las cosas. Y a eso se une la propia técnica pictórica, la acrílica, que lleva su tiempo, y a que, además, me gusta pintar en formato grande», explica. Las imágenes tardan en surgir. «En mi caso, tiene que pasar tiempo para que vayan naciendo las imágenes y eso va dilatando los tiempos. Las series duran bastantes años. Además, la película realizada posteriormente con Josu Venero y Xabi Paya cargó de material el cajón de mi imaginación, con imágenes que me siguen atrayendo para tratarlas plásticamente. No sé hasta cuándo, pero intuyo que dará más de sí». Precisamente el próximo 14 de mayo (19.00 horas) la muestra albergará la proyección del documental “Artiko” (2019), premiado en numerosos festivales. ARGITU«Bertan dauden eta behaketa gelditu batek deskubritu ahal dizkigun aurpegi ezkutu horiek guztiak argitzea da artistari dagokion lana».