05 MAY. 2022 DE REOJO Abandono Raimundo Fitero Confieso que confundo el Mar Rojo, con el Rojo del Mar. Cuando las comparecencias en sede parlamentaria se parecen más a una charla de autoayuda en un centro de rehabilitación que a un lugar donde se esgrimen argumentos políticos, todo parece convertirse en una versión descafeinada de una tarde tonta de la televisión berlusconiana en decadencia. Cada vez que alguien quiere darse importancia y anuncia medidas contra Putin de carácter económico, energético o militar se me abre una ventana lateral en mi cueva de almacenamiento de información variable en la que se ve un campo extenso con flores de cardo mezcladas con orejas de conejo de cristal y al fondo un mar sonrojado que puede convertirse en un bosque o en una catedral de hielo dependiendo de la frecuencia y el tono de la respiración asistida de la aspiradora autónoma que me acompaña de manera despechada. Todo está impostado, forma parte de un mal guion, de una epopeya de un Popeye que bebe zumos de acero inoxidable, se maquilla con los restos de una hamburguesa de silicona y jura en vez de prometer porque es la manera de mentir con mayor intrascendencia para su alma. Si la materia no desparece, sino que se transforma, ¿qué es el petróleo, sea ruso, persa o senegalés, nada más que materia fósil? En el mar Rojo hay un petrolero cargado con más de un millón de barriles de petróleo cuya tripulación lo ha dejado abandonado con varias averías y puede convertirse en un desastre descomunal en las costas de Yemen donde la guerra es invisible, silenciada, de larga duración y de estadísticas abrumadoras. El abandono informativo es una manera de tomar parte en el conflicto, parecido o más elocuente que la descarada insistencia en desinformar de lo que sucede en Ucrania y, en otro grado más barbitúrico, de lo que hace o deshace el CNI.