21 MAY. 2022 DE REOJO Bribón Raimundo Fitero Nada está improvisado. La llegada del rey defraudador es una milimétrica tomadura de pelo a la democracia perfectamente diseñada e interpretada. ¿Por qué habla la prensa del Borbón defraudador de manera elogiosa con reparos, y, además, contraponiéndolo a la del Borbón demócrata, el tal Felipe VI? ¿Qué ha hecho exactamente el cuñado de Urdangarin a favor de la democracia española, de la sociedad española, de la vida común española? Es el heredero del suegro de Urdangarin, su padre. Y eso lleva todo el paquete más allá de los trapicheos reconocidos en paraísos fiscales, por lo que cuidado, no sea que nos enteremos en breve de las comisiones que recibe la periodista coronada por cada modelo de ropa de marca que exhibe. Lo del excampechano es de una muestra de poderío monárquico rayano en la desobediencia democrática. Es parangonable a las imbecilidades de los dirigentes de Vox. Es una chulería extrema. Y está preparado para que lo reciban, le apoyen, la prensa de la extrema derecha bicéfala española se ha puesto en coro a loar al defraudador de tal manera que uno parece encontrarse en mediados de los setenta del siglo pasado cuando Franco agonizaba y la prensa preparaba una despedida del gran constructor de todo, del boom económico, de cualquier cosa que sucedía por la fuerza de las leyes de la gravedad y la evolución natural. Pues así están ahora con el heredero franquista del poder absoluto. Llega para pasearse con gorra marinera a bordo del Bribón, un nombre identitario de su barco. La casa real calla, porque es papuchi el que vuelve, que es el que le ha dejado la corona, el oficio, los contactos, los privilegios y la oscuridad. Por eso a veces viene bien gritar con ganas: Vive la France! Cerrar los ojos y escuchar en silencio el sonido de la histórica guillotina.