14 SET. 2022 Godard y la libertad Carlos GIL ZAMORA Analista cultural Estudié cine porque quería ser como Jean-Luc Godard. Podría repetir de memoria todas las veces que el personaje de Jean Paul Belmondo, en “Pierrot, Le Fou”, va pasando de capítulo a bordo de su coche descapotable en una huida hacia una escena final de suicidio magistral. Es más, de esa película nació mi idea subliminal del cine y la libertad. Pasé de emocionarme con la esencialidad cinematográfica de un vaquero a caballo perfilado en un amanecer desértico con montañas al fondo, a esa idea mucho más moderna de una carretera, un coche descapotable, una persona a tu lado y sin rumbo fijo, hasta que se acabe el mundo o la gasolina. Una idea primaria de la expresión tangencial de la libertad sesentera. Este gran cineasta, que había empezado de muy joven como crítico en “Cahiers du Cinéma”, miembro de ese movimiento fundamental de la Nouvelle Vague, que en caso de Godard puso sus cámaras, guiones y capacidad de producción en la búsqueda de una revolución de la que después se apartó. Acaba de morirse y sentimos la orfandad audiovisual referencial que parece estar oculta por el peso de toneladas de cintas de emulsión y millones de megas digitales. A punto de empezar Zinemaldia, que revivirá las expectativas a través de una irrigación constante de audiovisuales que buscan el impacto que nos atrape y nos aturda y no nos deje elaborar en su compañía una mirada nueva al mundo y sus habitantes.