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DE REOJO

La maldita tradición


Supongo que todas ustedes están al tanto de un vídeo en el que se ve a una serie de homínidos en una residencia de estudiantes para pijos en Madrid que montan una perfecta acción performativa para gritar a la residencia de enfrente, que es de mujeres, delicadezas como «putas» y varias amenazas de agresión sexual. Es espeluznante por el tono y porque es algo premeditado y ensayado. No se trata de un imbécil que, borracho, se pone a vociferar esas barbaridades, sino que empieza uno solo y a los pocos segundos se levantan las persianas de los demás cuartos y aparecen decenas de machitos con cantos machistas a coro de una manera vergonzante.

En el vídeo que se ha hecho viral no se ve ninguna reacción del edificio de las mujeres, pero con las horas han aparecido sonidos que dan a entender que algunas de ellas responden de una manera que no demuestran sentirse ofendidas. Es más, han salido mujeres residentes justificando la barbaridad machista, diciendo que era una broma y una tradición. Esta palabra intenta siempre limpiar las atrocidades. Es muy recurrente. La maldita tradición de considerar que si algo es tradicional ya está justificado. En los avances sociales se han ido arrumbando tradiciones enquistadas en el cuerpo social para mejor en igualdad e integración. Menos en las residencias de una secta religiosa.

El detalle añadido al asunto es que, en ese colegio mayor de pago pueden estar estudiando los futuros jueces, economistas y dirigentes políticos y queda claro que se crían en un ambiente machista y cafre. El hombre insignificante, Pablo Casado, estuvo ahí. Una pista.