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Siempre Aberri Eguna


Hace ya mucho que se planteó el dilema sobre si una nación puede sobrevivir sin ser Estado. Para los abertzales es una evidencia histórica que hay que disponer de un Estado, pues es la única superestructura que garantiza la maquinaria necesaria para ocupar nuestro lugar en el mundo y sobrevivir como pueblo.

Si siempre ha sido así, más aún en esta globalización acelerada, en la que el desarrollo del sistema capitalista avanza hacia una uniformización global que va a suponer la desaparición de culturas locales e identidades nacionales que no consigan imponerse en su territorio.

Si esta fase del capitalismo está incluso diluyendo la identidad diferenciada de estados consolidados a través de los mercados y la penetración ideológica, ¿qué puede no ocurrirnos a las naciones que no tenemos las herramientas para defendernos? ¿Qué puede ser de quienes estamos ocupados, colonizados por dos estados que buscan desde hace siglos nuestra desaparición como pueblo y que no escatiman en recursos, incluida la violencia, para conseguirlo?

Y es que el mundo no camina hacia un escenario favorable para las pequeñas naciones, para culturas minorizadas como la nuestra que, sin disponer de un estado propio, podemos estar abocados a la extinción, a convertirnos en poco más que un reducto folclórico con atractivo turístico de interés mercantil.

Luchar por la independencia para formar un estado es objetivo de todo abertzale; ese primer paso imprescindible para avanzar hacia la otra gran meta: dirigir ese estado al horizonte socialista Independencia y socialismo, nuestros dos ejes irrenunciables; el corazón vigoroso de la izquierda abertzale. Euskal Herria y libertad.

Porque nuestra nación debe sobrevivir y colaborar en la construcción de una nueva sociedad, los abertzales socialistas no podemos colocar nuestra mirada en los objetivos maximalistas y escenificar ese idealismo desde el postureo de quienes no tienen más que palabrería. Tampoco podemos limitarnos a gestionar recursos que aunque, indiscutiblemente, van en favor de Euskal Herria y mejoran la vida de los trabajadores y la sociedad vasca pueden sedar el cerebro y el músculo de la lucha.

Nuestra nación, en todas sus expresiones de identidad, es atacada de manera permanente desde España y Francia. La última resolución judicial en la parte peninsular contra el euskara muestra sin disimulo la clave del contencioso: ser vasco es un derecho, pero ser español una obligación. Si la agresión no fuera de semejante calibre, diría que sólo falta Manolo el del bombo con la banda sonora.

Pero lo más lamentable es la colaboración de instituciones propias que en lugar de estar al servicio de la recuperación de la soberanía y la integridad territorial se colocan del lado español promoviendo puntos de vista e inercias culturales que atentan contra nuestra identidad nacional.

El caso de EITB es flagrante. Negando su propia razón de ser, se va convirtiendo en otro agente desnacionalizador. La selección de noticias, los enfoques, los personajes, incluso la geopolítica informativa nos disuelven en las tierras e inercias de España. Otro tanto podría decirse de los recursos de la Administración y gobiernos autonómicos. Aquí también la responsabilidad del PNV es directa.

¡Y qué decir de la Ertzaintza! El paso del tiempo ha ido cribando a los fieles al Partido mientras las nuevas hornadas tras la Ley de Policía de Rodolfo Ares está plagando el cuerpo y las guardias municipales de españoles fascistoides dopados de la perversión más abominable de la profesión policial. Al PNV se le ha ido la Ertzaintza de las manos. Y aunque pueda parecer una paradoja, ahí hay un peligro pues esa gente es autoridad y va armada.

Podemos seguir con estudios de opinión enfocados a inocular la idea de que la sociedad vasca rechaza la independencia; aperturas de debates banales para derivar los focos de atención; permanente dilución de rasgos de identidad en marcos ajenos a Euskal Herria. De nuevo, curiosamente, la batuta de todo este despropósito no está más allá del Ebro sino en las manos de esos que dicen que pelearon contra el franquismo vistiéndose de ikurriña camuflada.

Estamos a las puertas del Aberri Eguna. Aunque todos los días deben de ser y son el de nuestra nación, no está de más aprovechar la fecha para recargarnos de energía abertzale, de esa potencia de lucha que nos ha hecho seguir vivos a lo largo de la Historia y que nos conducirá a la libertad como personas y como pueblo.

Tenemos músculo para ello, además de una juventud abertzale y socialista que avanza con determinación y firmeza en unos tiempos que no son precisamente los del compromiso.

Y es que ahí está precisamente la clave del futuro de Euskal Herria, en el orgullo de formar parte de un pueblo milenario que va a conquistar su provenir con la misma arma con la que ha conseguido sobrevivir: la lucha.

Nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. La épica de la resistencia de ayer y la épica de la construcción de hoy; ikurriña y bandera navarra nuestras únicas enseñas nacionales; nuestros símbolos, nuestro carácter; el tesoro del euskara, que nos identifica como pueblo diferenciado...

Ni españoles ni franceses; ni ayer, ni hoy, ni nunca.

Y porque sabemos lo que es el compromiso y la dignidad, no olvidamos a quienes aún hoy siguen en la cárcel, en el exilio y la deportación. Estarán también en el Aberri Eguna porque los llevamos en el corazón.

El 9 de abril tenemos que desbordar las calles de nuestra capital histórica para volver a marcar un hito, para demostrar que estamos comprometidos con el futuro de nuestro pueblo y que no hay nada que pueda frenar la conquista del provenir que nos corresponde. Gora Aberri Eguna! Siempre.