23 MAY. 2024 «LO QUE SUCEDE DESPUÉS» Para románticos exiliados y empedernidos Mariona BORRULL CANNES La que fuera la «novia de América» Meg Ryan se exilió de la interpretación durante veinte años como única salida al rechazo que prensa y público mostraron, después de ‘‘En carne viva’’ (Jane Campion, 2009), hacia una estrella de la rom-com envejecida. Luego, cuando Ryan trató de volver al cine como directora en 2015, con el dramón ‘‘Ithaca’’, se la acusó de tomarse demasiado en serio a sí misma. A nadie le extraña que su segunda película como directora, guionista y productora, ‘‘Lo que sucede después’’, sea una comedia romántica descreída, fantasmal. La cinta arranca cuando dos examantes desganados, canosos y con reproches pendientes son condenados a compartir una larguísima espera en un aeropuerto colgado por la nieve. Ella, Willa (Ryan), encuentra a Bill (David Duchovny) desenchufando el anuncio hortera de una rom-com para cargar su móvil. Asesinando el género de la querida Nora Ephron en un gesto algo evidente, que no menos poderoso por lo que representa. Sin embargo, la película no tira por la fácil vía de la mala leche o la ironía. No reniega del amor. Simplemente lo mira con tristeza. Willa es una hippie despeluchada, trágicamente superficial y coja; Bill emula los automatismos del ejecutivo medio, aunque apenas consiga llegar a la clase turista de la elegancia. Ambos, a su manera, son unos románticos acabados tanto como unos acabados románticos. Pasan las horas y el realismo dialéctico a lo Richard Linklater va embalsamándose bajo un halo de fantasía sin prejuicios. El aeropuerto comienza a tomar vida, dialogando con los propios personajes. Las mariposas alimentan una magia en la que sólo puede creer quien ha estado enamorado como un loco. ‘‘Lo que sucede después’’ no promete sueños irrealizables. En su lugar, querrá contar bien aquellos encuentros con los que soñamos.