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Quincy Jones, la leyenda de la música popular que no olvidaba sus raíces

«Un titán del entretenimiento», «la figura del pop más versátil del siglo XX»... las loas a Quincy Jones de las grandes publicaciones eran ayer tan estratosféricas como la carrera de este músico, compositor, arreglista y productor, quien, durante más de medio siglo, influyó poderosamente en la música popular. Proporcionador de mil de anécdotas, cuando se ponía serio, lo era: «Mujeres y hermanos seguimos lidiando con el techo de cristal».

Quincy Jones hace diez años, recibiendo un premio en Alemania. (Henning KAISER/DPA/CORBIS)

The Critics Choise Awards, la asociación que aglutina a los críticos musicales de EEUU y Canadá, escribía ayer en las redes sociales: «Quincy Jones fue un titán del entretenimiento americano (...). La figura de la cultura pop más versatil del siglo XX». “Rolling Stone” añadía: «Fue un erudito musical que contribuyó a álbumes notables de jazz, soul y funk, así como a varios de los LP de pop más importantes del siglo». Y esto no era más que una muestra de las innumerables referencias y homenajes a Quincy Jones que se produjeron a lo largo de la jornada, no en vano fue una de esas extraordinarias figuras que surgen en contadas ocasiones en la cultura popular, con una carrera de más de 60 años en la música. Era tan respetado que era conocido solo con el apelativo: “Q”.

Quincy Delight Jones murió la noche del domingo en su casa en el barrio Bel Air de Los Ángeles, a los 91 años, rodeado de su familia. Nació en Chicago, el 14 de marzo de 1933, en circunstancias bien diferentes: Su madre fue ingresada en una institución mental por esquizofrenia; su padre era un carpintero que jugaba al béisbol semiprofesional. «¿Con qué frecuencia piensa en tu madre?», le preguntaba el periodista David Marchese en 2018, en una larga entrevista publicada en la revista “Vulpure”, de “The New York Times”, y que ayer este medio recuperaba. Respondía: «Pienso en ella todo el tiempo. Murió en un manicomio. Era una mujer brillante, pero no recibió la ayuda que necesitaba. Su demencia precoz se podría haber curado con vitamina B, pero no pudo conseguirla porque era negra».

Educado en el jazz, se inició en el mundo del espectáculo como trompetista y pianista, y su carrera rompió barreras: fue músico, compositor, productor, director, arreglista, artista, propietario y ejecutivo de un sello, productor de cine y televisión, editor de revistas e incluso filántropo. Se convirtió en una de las figuras más formidables de la música pop y recogió 27 premios Grammy, compuso la sinfonía “Black Requiem”, estrenada por la Sinfónica de Houston con un coro de 80 voces, con Ray Charles como solista, y produjo discos como “Thriller”, en 1987, y “Bad”, dos de los últimos y más premiados trabajos de Michael Jackson. Produjo también a Chaka Khan, James Ingram o Patti Austin, y a otros artistas célebres como Frank Sinatra o Donna Summer, además de que compuso la banda sonora de “El color púrpura”, de Steven Spielberg.

Por cierto, en “Vulpure” Marchese apuntaba que parecía «siempre a punto de soltar un chisme escandaloso»: Michael Jackson era un «codicioso» que «robó muchas canciones» y The Beatles «eran los peores músicos del mundo», dijo. Cuando se ponía a contar chascarrillos podía ser políticamente incorrecto: en la televisión francesa dijo que había tenido 22 novias, ninguna mayor de 45 años. Se casó con tres actrices, Peggy Lipton, Ulla Andersson y Jeri Caldwell, y tuvo una relación de siete años con Nastassja Kinski.

Sobre música y la vida, aquí algunas pinceladas: «Las mujeres tuvieron que soportar cosas muy jodidas [en la industria musical]. Mujeres y hermanos: ambos estamos lidiando con el techo de cristal» y ¿Trump? «Son unos paletos sin educación. Trump solo les dice lo que quieren oír. Yo solía salir con él. Es un cabrón loco. Mentalmente limitado, un megalómano, narcisista. Yo solía salir con Ivanka, ¿sabes? Tenía unas buenas piernas».