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DE REOJO

Protección y propaganda


Cada vez que nos ofrecen imágenes de las casas calcinadas por los incendios en Los Ángeles siento un escalofrío. ¿Vivo en un lugar con la suficiente protección ante un hecho similar? No hace tanto que asistimos en directo al incendio pavoroso del edifico de apartamentos Campanar en València, con el fatal desenlace de diez muertos, y justo en estos días hay conflictos judiciales sobre las demandas interpuestas por los afectados, pues se va a cumplir un año de aquel desastre. Nada queda claro sobre el inicio y sobre el uso adecuado de todos los recursos para sofocarlo.

En LA se señala que no se prestó atención durante meses o años al cambio climático, a la pertinaz sequía, a la falta de herramientas públicas suficientes para sofocar ese torbellino de fuego alimentado por corrientes de aire que lo expandían. El número de víctimas mortales crece y a simple vista de dron uno se imagina que existen cadáveres calcinados en esas parcelas chamuscadas, que los desaparecidos se contarán en la morgue, que la reconstrucción de todos esos barrios es un trabajo de un alcance titánico. Todo lo que podamos especular sobre el inicio, la falta de elementos adecuados, incluso de agua para sofocar, forma parte de nuestra idea de un capitalismo feroz negligente. Vale. Pero vuelvo a mi pregunta inicial, ¿vivo en un edifico con las suficientes garantías de protección ante un incendio, ya sea particular del mismo, o una locura similar al los de California? Hay muchos edificios con un letrero antiguo que indica que está «asegurado de incendios», pero eso es una propaganda que no acaba de proteger. ¿Están preparadas nuestras poblaciones debidamente?