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Son ilusiones


Unas 50 millones de personas en todo el mundo se consideran creadoras de contenido. La pregunta, para poder clarificar este dato, tendría que ver con el tipo de contenido del que estamos hablando. Hace tiempo que el paradigma del consumo de televisión mediante plataformas (léase, series u otros programas) pasó por combinarse con el consumo del audiovisual (ni siquiera estamos hablando de películas o de piezas narrativas) en espacios como YouTube, Instagram o TikTok. La información y las ‘‘historias’’ llegadas desde estas y otras plataformas son, en muchos casos, las únicas fuentes de información y entretenimiento de millones de personas. Este modo de consumo está ligado a la creación de los contenidos que los propios usuarios realizan, generando así una cadena que aúna consumo y ‘‘creación’’. Los resultados, más o menos ingeniosos, siguen basándose en la copia o en la reproducción de patrones, que rara vez aportan algo que no tenga que ver con el ejercicio de deslizar y mantenernos atados a un teléfono móvil utilizando esta u otra plataforma/app.

La fantasía de la monetización, la adquisición de la fama o la falsa idea de que cualquiera puede hacerse rico mediante las redes sociales, nos está dejando un mapa de autoengaño en el que alimentamos cada día a la bestia con la falsa idea de sentirnos creadoras de ‘‘contenido’’. En el caso de que así sea, el precio es tan alto que, me temo, rara vez compensa.