08 MAR. 2025 DE REOJO Comunicación epistolar Raimundo FITERO A veces llegan cartas con sabor amargo. Así empezaba una canción sentimental de hace unas décadas. Hoy el sabor amargo en las pocas cartas que se reciben en los buzones postales lo reparte Hacienda. Un género perdido o transformado. La comunicación epistolar forma parte del uso del tiempo y de los servicios públicos de una manera ajustada a un ritmo de vida equilibrado. Ahora la mayoría de las cartas llegan sin que suene el timbre. Y cuando suena es una multa de tráfico o un burofax que es el acto más parecido a una convocatoria oficial certificada de rango extraordinario. De tal manera que en Dinamarca anuncian que en unos meses desaparecerá el servicio de Correos. Aducen que ya no hay casi cartas y que se ha convertido en un servicio de paquetería. Son datos objetivos, argumentos pragmáticos, signos de un tiempo en el que los «te quiero» viajan en sistemas invisibles que solamente requieren un buen wifi y millones de ordenadores o servidores que utilizan miles de kilómetros de cables, un gasto de electricidad descomunal y mucha agua, como acabamos de conocer. La famosa nube donde almacenamos el pasado, el presente y algo de un futuro incierto es una amenaza. Conocer que Donald Trump asegura que ha mandado una carta al gobierno de Irán, abre otra ventana del enrevesado relato de ciencia ficción de terror que está elaborando el hombre naranja con su equipo y sus patrones que no busca otra cosa que el caos a base de alucinaciones constantes, de una angustia por salir cada día en los noticiarios a base de enredos políticos y económicos irrealizables.