12 MAR. 2025 DE REOJO Contraprogramación como método Raimundo FITERO En la televisión comercial, incluidas las públicas, existe una figura técnica e instrumental que es contraprogramar a tus competidores con ofertas que llamen mucho la atención al gran público, aunque el coste sea excesivo para el resultado obtenido. Se trata de restar más que de sumar. Es una táctica para mantener las cuotas de pantalla y, de paso, el precio de las inserciones publicitarias. Eso degenera con el tiempo todas las ofertas, siempre buscando lo más efectivo y circunstancial en cada momento, lo que deteriora la parrilla entera, propia y ajena. Parece que la vida política está impregnada en demasiadas ocasiones de ese espíritu, se trata de ir a la contra sin respiro, aunque sea entrando en contradicciones flagrantes, para frenar al otro, no de proponer nada importante, relevante o atractivo para que se atienda a tu oferta. Es algo que a veces se llama polarización y otras crispación, aunque se parece más a técnica de agitación y propaganda de tiempo pretéritos, pero usando en estos momentos todas las pantallas rectangulares que nos circundan con las formas más extravagantes posibles. Este método aplicado de manera insistente produce una especie de estrabismo político que se nota en la incapacidad o insolvencia manifiesta que tienen tantos supuestos analistas de todo pelaje para entender al emperador Trump y sus desastrosas declaraciones que están reventando los mercados y que han puesto a las autoridades subsidiarias europeas en estado petitorio. La duda sería: ¿se puede contraprogramar la guerra existente con la simple idea de la paz?