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Los homenajes, siempre a los vivos


Hace cerca de cincuenta años, en L’Hospitalet de Llobregat, de la mano de Ricard Salvat hicimos un homenaje a Luis García Berlanga. Disfrutamos de sus presencia y su sentido del humor durante tres días. Desde aquel momento comprendí que los homenajes siempre es mejor darlos y recibirlos en vivo, porque los póstumos se convierten en una retórica que junta recuerdos y un yo interpuesto de quien hace el discurso laudatorio.Estoy en Cádiz, en el Festival Iberoamericano de Teatro que estrena dirección, por fin una mujer, Mónica Yuste y que ha recuperado algunas de señas de identidad olvidadas de este encuentro que cumple cuarenta años. El lunes se rindió homenaje a tres personas fallecidas hace muy poco y que habían tenido una dilatada vida profesional teatral y, además, allegadas a este festival. Juan Margallo, que fue el primer director del FIT; Elena Schaposnik, cofundadora del CELCIT y directora del Festival de Teatro Iberoamericano Contemporáneo en Almagro y Mario Ernesto Sánchez, director de Teatro Avante entidad que organizaba el Festival de Teatro Hispano de Miami. Un acto sencillo, emocionante y sin grandes gesticulaciones. Un repaso personal de cada uno de los presentes a su propia vida. Me queda una reflexión pragmática, ¿tienen sucesores?