07 NOV. 2025 LA VIDA DE CHUCK El viraje existencial de Mike Flanagan Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Mike Flanagan, célebre por haber concebido una de las series de terror más redondas de los últimos años -“The Haunting of Hill House”-, emprende aquí un viraje notable: deja atrás los pasillos del horror para adentrarse en una reflexión luminosa sobre la existencia. Basada en el relato homónimo de Stephen King, “La vida de Chuck” es un viaje hacia los orígenes de un hombre aparentemente ordinario cuya vida resuena con una trascendencia cósmica. Flanagan convierte la vida de una persona común en espejo de lo universal. En su aparente sencillez, Chuck encarna la plenitud de la experiencia humana, esa paradoja que Walt Whitman expresó con lucidez: «I contain multitudes»; la película adopta esa idea como pulso vital. Lo primero que llama la atención es su estructura no lineal, narrada casi en orden inverso; no es un mero capricho, sino una forma de intensificar la reflexión sobre la memoria y el legado. En el filme también destaca la omnipresente voz en off, que en este caso actúa como respiración interior del relato. Visualmente es sobria: planos fijos, luz tenue y ritmo pausado que privilegia la atmósfera sobre la acción. Ese tono meditativo exige paciencia. A veces, los cambios de tono fragmentan la unidad del conjunto, pero también refuerzan su carácter humano. Con su estructura poco convencional y su mirada compasiva, “La vida de Chuck” se aleja de los moldes narrativos de King y del propio Flanagan. Si se acepta su cadencia y su ritmo, puede resultar una experiencia emotiva; si no, quizá exasperante. En cualquier caso, Flanagan no busca complacer: busca conmover.