07 ENE. 2026 Sublime decisión subordinada a la coyuntura Carlos GIL ZAMORA Analista cultural {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Cada vez que un director, una dramaturga, un jurado de subvenciones, una distribuidora, un director de teatro o una programadora toma la decisión de escribir una obra, montar una obra, subvencionar una obra, representar una obra o programar una obra adquiere cada uno un compromiso más allá de lo coyuntural. En general, se hace teatro de una manera inspirada por lo intangible, la casualidad, la moda o el capricho. Son pocos los grupos, compañías, teatros, productores que tengan un plan previo para desarrollar un proyecto cultural basado en un análisis social o político y todas sus connotaciones. Es estresante producir cada año obras que van a tener un recorrido limitado, con ayudas directas, porque después es más que probable que se acabe con muy pocas funciones de explotación. Queriendo ser optimista me ha salido mi yo más cenizo. Si no hay planificación, proyecto elaborado, cada decisión se vuelve una subordinación a una realidad estática. Si otro año más nos movemos con unos reglamentos de ayudas a la producción basadas en condiciones del siglo pasado, será muy difícil que algo cambie, por lo que la dependencia se agradará. Si las mal llamadas redes de exhibición se mantienen con criterios chato, el estancamiento se reproducirá hasta el infinito.