15 ENE. 2026 EL MÉDICO II Una sala vacía para una secuela sin eco Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Hacía mucho que no me encontraba absolutamente solo en una sala de cine; no era el día del estreno, claro, pero un jueves por la tarde parece la hora ideal para comprobar que, efectivamente, “El Médico II” no ha despertado ningún entusiasmo. En la película Rob Cole, acompañado de su esposa embarazada, emprende rumbo a Occidente con un pequeño séquito de discípulos ansiosos por aprender. La épica se ve interrumpida por un temporal que convierte su travesía en tragedia y les arrebata algunos de sus compañeros. Al llegar a Londres, tanto musulmanes como judíos son tratados como intrusos. Philipp Stölzl regresa al timón de esta secuela con un guion original, liberado de las ataduras literarias de Noah Gordon, para expandir el universo. La intención es noble, pero la ejecución se tropieza con su propia ambición: la estructura está sobrecargada, los diálogos son pedagógicos hasta la exasperación y los giros de trama surgen como bombas de humo que impiden establecer un vínculo con los personajes. Philipp Stölzl demuestra que comprende la relevancia del diseño de producción en el cine histórico: la escenografía, el vestuario y los paisajes sostienen con solvencia la ilusión de época, aunque en más de una ocasión el abuso del CGI rompa el hechizo. Ahora bien, si lo visual se sirve con generosidad, el banquete intelectual genera muchas dudas. “El Médico II” es una película que confunde ambición con acumulación y profundidad con apariencia. Mucho aparato visual, muchas pretensiones filosóficas y, al final, una reflexión sobre medicina y fe que se diluye entre el ruido y la pompa.