20 ENE. 2026 KOLABORAZIOA La estupidez humana Antton ELORZA {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Centrándonos en los últimos acontecimientos, seguimos constatando que las personas seguimos sin aprender a portarnos con humanidad y actuamos en función de los instintos salvajes que perviven en nuestro ADN. Esta actuación durante la prehistoria estaba impulsada sobre todo por el instinto de supervivencia. Durante la Edad Media, los feudales y el clero luchaban matando para acaparar más poder, y en la modernidad se sigue recurriendo a la violencia para que los dirigentes políticos consigan sus objetivos. Decía que seguimos sin aprender a portarnos con humanidad, porque, ¿cómo podríamos calificar el hecho de asesinar niños, mayores, familias enteras, pueblos, destruir casas, escuelas, hospitales, ciudades enteras, si no es como algo inhumano? ¿Esta gente no tiene familia? ¿Padres, hijos, hermanos? ¿O es que solamente sienten algo solamente hacia sus familiares y odian o desprecian a los demás? ¿Se acuerdan de Hitler, ese personaje que provocó la muerte de millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial? Pues ese señor no estaba solo, tenía a mucha gente que le apoyó en Alemania y también en otros países. Al finalizar aquella guerra se creó la ONU, una organización intergubernamental establecida mediante la firma de la Carta de las Naciones Unidas. Inicialmente la integraron unas 51 naciones, pero actualmente ya han llegado a asumirla unas 193 naciones. Entre sus principios se incluye el de la igualdad soberana y también el de la resolución pacífica de los conflictos internacionales, de forma que la paz y la seguridad internacionales no se vean amenazadas. Parece que, con aquel compromiso asumido por la mayoría de las naciones del mundo, la persona había dado el salto a la inteligencia y había aprendido que para dirimir las diferencias no hacía falta recurrir a la violencia. ¿Pero es así? Por lo que estamos viendo, la realidad está muy lejos de esos buenos propósitos. Tenemos ejemplos actuales con el genocidio al pueblo palestino, la guerra de Ucrania, conflictos internos en Siria, Sudán, Irán y el actualísimo secuestro de Maduro, sin olvidarnos otros anteriores como Afganistán, Irak, Sahara, los Balcanes, etc. En muchos de estos conflictos participan personajes que actúan como Hitler, pero como decíamos antes, tampoco están solos. Netanyahu, por ejemplo, tiene a su propia camarilla más fanática y radical que él mismo, tiene a su pueblo que le apoya y tiene a otro montón de gobernantes externos que le justifican. Otro ejemplo lo tenemos con Trump, que fue elegido por sus conciudadanos y que, ante la intervención que ha tenido en Venezuela, apenas le contrarían, y no digamos el resto de gobernantes de otros países, que no son capaces de decirle que no están de acuerdo con lo que está haciendo, por muy amigos suyos que sean. ¿Y qué pasa con la ONU? Está siendo ninguneada por estos dos señores. Debería convocar una asamblea general, primero para quitar el derecho a veto en el Consejo de Seguridad, porque es antidemocrático, y segundo, para reclamar que es esta organización la encargada de resolver los conflictos entre naciones y no este personaje belicoso, arrogante y loco, que pone en peligro a la humanidad. Y ya es hora de que la humanidad reaccione, de que diga que no está conforme con estos dirigentes ni con su forma de hacer. Empezó a tener efecto las manifestaciones contra el genocidio israelí y no deberíamos parar. Recordad la influencia de las protestas contra la guerra de Vietnam para que esta terminara. Ya es hora de que la humanidad reaccione