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DE REOJO

Ataduras invisibles


Encadenado a las sensaciones que provienen de los calambres que desde el cerebro llegan a las arterias que comunican con el yo, la conciencia y quizás el alma, ese urna secreta que atesora más expectativas que realidades. Hay ataduras que impiden el libre albedrío. La ideología, la fe, la esperanza, el frío que congela los sentimientos primarios y nos convierte en robots de carne y hueso subsidiarios de la tangente propagandística cultural.

Convencido de lo que quiere Ubú Trump es que sigamos hablando de él en todas las partes del mundo con el fin de colapsar el pensamiento para dedicarnos a la reacción de sus atrocidades autoritarias, me debato solo y en compañía de otros, sobre si lo que toca es callarse, silenciarlo o confrontarlo. Quién dice Trump dice Abascal, Ayuso, Aznar, Feijóo, Tellado, Pedro J. Ramírez o Marlasca. Es una disyuntiva que nos mete en un laberinto que puede tener una única salida: la desesperación.

Por eso nos agarramos a cualquier signo que nos haga confiar en una posible solución a medio plazo como es el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney que en Davos señaló una importante postura antiautoritarismo imperial mencionando con una estructura dialéctica exuberante que los países medianos, unidos, pueden y deben ser la alternativa y el freno. Y desde ese momento, en algunos gabinetes leen el discurso hasta memorizarlo. Trump grita y patalea y mata a sus conciudadanos de manera miserable con claros signos de deterioro y provocación. Rompamos las cadenas y ataduras invisibilizadas y avancemos todos juntos hasta el triunfo final.