01 FEB. 2026 CONSUMO DE SUSTANCIAS EN SECTORES VULNERABLES La adicción a la pregabalina no para de crecer en los márgenes El consumo de un psicofármaco de venta en farmacias, la pregabalina, genera más casos de adicción entre las personas migrantes en situación de calle que el alcohol, según el último informe de ERDU. Las pastillas se revenden en el mercado negro por dos euros. Pese a las alertas, las prescripciones no paran de aumentar. En la página anterior, varios envases de pregabalina, con distintas dosis de principio activo, en una farmacia de Iruñea. (Iñigo URIZ | FOKU) Aritz INTXUSTA el informe del programa de acompañamiento ERDU del Gobierno de Lakua a jóvenes en situación de extrema exclusión asegura que un medicamento que se vende en la farmacia, únicamente con receta, está generando más casos de adicción que el alcohol en este colectivo. La sustancia química se llama pregabalina, pero su nombre comercial es Lyrica. La pregabalina es una molécula que actúa sobre el sistema nervioso -contribuye a controlar las convulsiones, calma la ansiedad y el dolor- y al que se le han dado distintos usos a lo largo del tiempo. «Se comenzó usando como antiepiléptico, pero luego pasó a darse frente al dolor neuropático (aquel que causado por una enfermedad que daña directamente al sistema nervioso), el cual es difícil de tratar. De ahí ha pasado a recomendarse en problemas variados, como la ansiedad generalizada, y no es infrecuente que las personas dependientes de sustancias, como opiáceos, las utilicen conjuntamente. Este es un riesgo grande, pues puede producir depresión respiratoria grave. A veces se ha usado como tratamiento de deshabituación de benzodiazepinas y opioides, pero para esto tiene que haber una supervisión estrecha», explica a GARA Luis Carlos Saiz, farmacéutico de la Sección de Innovación y Organización de Osasunbidea. Las psicólogas que trabajan en el programa ERDU (que atiende a problemas derivados de la lentitud de la política en extranjería) describen cómo Lyrica ha saltado al mercado negro igual que otros psicofármacos, como el Trankimazin (alprazolam) o el clonazepam, pero con mayor virulencia. Las pastillas se compran y venden a un precio muy barato. «Es un poco más caro que un Rivotril [nombre comercial del clonazepam], que lo puedes encontrar en el mercado negro por un euro. Una pastilla de Lyrica puede costar dos euros. O a veces se consigue a través de un trueque, porque la economía de estos jóvenes es muy precaria», comenta Nerea Cortezón, psicóloga que participa del programa ERDU. Los jóvenes en situación de calle son particularmente vulnerables a un psicofármaco así. «Cuando una persona duerme entre cartones, con frío y desesperanza, la tentación de drogarse para evadirse un rato de la realidad es demasiado fuerte. Esto no tiene nada que ver con la procedencia, sino que lo provoca la situación de exclusión», corrobora su compañera Inma Cuena. En el programa ERDU han trabajado con jóvenes adictos a la pregabalina con edades que van de entre los 18 a los 30 años. Entre ellos hay personas en situación de calle o que han venido hace poco tiempo y no acceden a ningún recurso. También han encontrado personas que aparentemente se engancharon a la pregabalina en cárceles de otros países, como Italia o el Estado francés. Un tercer perfil sería -indican- el de consumidores de largo recorrido de otras drogas más potentes, quienes han encontrado en esta pastilla una forma de colocarse «aunque no tanto» a un coste muy bajo, combinándola con alcohol o cannabis. Por su parte, el equipo de comunicación de Policía Foral traslada que, aunque la pregabalina no está considerada una droga (es simplemente un medicamento que necesita receta en todos los países europeos) sí que está «bajo vigilancia» y que la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA) la está investigando. «En la EUDA saben que es un medicamento que no se está usando como se debe, pero aún desconoce qué efectos están buscando sus consumidores. Por eso, cuando nos encontramos alguna pastilla en alguna incautación tenemos que enviar los datos a Delegación del Gobierno indicando en qué contexto y junto a qué otras sustancias nos la hemos encontrado», explican. ACCESO A LA PREGABALINA Lyrica se dispensa en múltiples formatos. Vienen 56 pastillas por caja, pero cambia la proporción de pregabalina en cada una de las pastillas, desde los 25 mg, 75 mg, 100 mg, 150 mg… La dosis más alta es de 300 mg. GARA ha consultado a una farmacia de Iruñea ubicada en una zona transitada por personas en situación de calle, donde han indicado que es común que se suministre este medicamento a personas con este perfil, porque lo tienen recetado por su médico. Lyrica es un medicamento con «punto negro», que lo señala como un producto «de aportación reducida» donde el consumidor aporta un 10% del valor con tope máximo. La receta es especial, de las conocidas como «de talonario». En la vida real esto se traduce en que la caja de 56 pastillas cuesta en la farmacia entre 1,5 y 4,24 euros. Además del autoconsumo, el envase tiene el potencial de reportar un escueto beneficio de 100 euros a quien lo tiene pautado, pero que en situaciones extremas y con la Ley de Extranjería bloqueando su acceso a una economía reglada, favorece la expansión de su consumo. «La prescripción común es de una pastilla diaria, por lo que son envases pensados para durar dos meses. Suele haber cierto margen, se acepta que vengan un poco antes, a los 45 días. Es cierto que he tenido personas con el perfil que describe», comenta otra farmacéutica de Tutera. Nadir -un migrante que proviene de un pueblo sur de Casablanca, ronda la treintena y duerme en la calle- confirma a GARA que el consumo de Lyrica está muy extendido. Reconoce que fue consumidor, pero muy poco tiempo, durante tres meses. Tuvo prescritas pastillas de 75 mg en 2019 durante un trimestre. «Fue a raíz de un accidente. Tenía mucho dolor y me las recetaron. Eso te deja más tonto que tonto -describe-. Acabas muy tirado». El uso de pregabalina parece hoy acotado a estos entornos muy desfavorecidos. La Asociación AiLaket, que analiza el consumo de sustancias en entornos festivos, no ha detectado pastillas de pregabalina en las fiestas en las que monta su laboratorio de análisis. «El nombre de Lyrica ha aparecido en charlas y formaciones. El consumo está ahí. Pero cuando acudimos a unas txosnas, no vemos estas pastillas», explica Jon Iriazabal. Tal ausencia puede constituir un rasgo más del aislamiento el que la sociedad somete a los migrantes que viven en la calle. Este portavoz de AiLaket, organización centrada en informar de los efectos de las sustancias que analizan y en cómo funcionan cuando se mezclan unas con otras, advierte de que es un depresor del sistema nervioso, igual que el alcohol, por lo que combinarlo con este es peligroso. DEPRESCRIPCIÓN PROGRESIVA La pregabalina lleva preocupando mucho tiempo en toda Europa. Desde la vuelta de la pandemia, principalmente. En Alemania se han realizado redadas específicas y sus efectos adictivos cada vez preocupan más en el Estado francés, donde surgió una polémica en torno a un médico de Nantes que prescribió un número anormalmente alto de recetas. En Gran Bretaña, el pasado 8 de enero se ordenó actualizar la información que tienen los médicos sobre este principio activo (un gabapentinoide) para reforzar «los riesgos de adicción, dependencia, síndrome de abstinencia y tolerancia». Osasunbidea, en 2021, realizó un trabajo sobre los gabapentinoides en el que ya se hablaban de su potencial adictivo y recomendaba ser muy cuidadosos a la hora de recetarlos. El trabajo recordaba, entre otros efectos adversos de tipo físico, que «estos fármacos también se han relacionado con depresión, trastornos del comportamiento e ideación suicida». Por ello, aconsejaba que, en caso de prescribirse, el sanitario hiciera un control estrecho y pautara una deprescripción progresiva. Asimismo, advertía de que el 56% de las prescripciones de gabapentinoides estaba fuera de las indicaciones autorizadas. El informe alertaba de que el uso de la pregabalina se había incrementado un 18% entre los años 2015 y 2020. En el último año analizado, 2020, se consumieron más de 1,6 millones de dosis diarias definidas (DDD) de gabapentinoides, lo que supuso un gasto de 1,4 millones de euros para el Servicio Navarro de Salud. A pesar de este aviso, el consumo ha seguido subiendo. En 2024, en Nafarroa, se recetaron 1,97 millones de dosis diarias de gabapentinoides, de las que 1,48 fueron de pregabalina. El número de personas a las que se recetó este medicamento han ascendido de 11.385 en todo 2020 a 17.286 entre enero y noviembre de 2025. Y en la CAV se aprecia un aumento similar: desde las 3,36 millones de DDD de 2020 a las 4,01 millones recetadas entre enero y noviembre de 2025. En ese mismo arco temporal, las personas con receta han ascendido de 26.532 a 36.416. EL VERDADERO PROBLEMA ES LA EXCLUSIÓN La expansión de este fármaco contra la ansiedad no supone un riesgo solo sanitario, sino social por los efectos que tiene entre sus consumidores. Las asociaciones que trabajan con población joven y migrante llevaba advirtiendo que se están degradando física y mentalmente aquí. «Lo que vemos asusta un poco. Cuanto más tiempo pasan en la calle, más se agrava su salud mental y su angustia vital. Algunas personas usan esta pastilla como automedicación para la ansiedad, dolor o problemas psicológicos derivados de su proceso migratorio u otros traumas», dicen las psicólogas de ERDU. Cuanto más tiempo pasan en la calle, el pronóstico para sus enfermedades mentales cada vez es más complejo. El deterioro sucede rápido. «Chavales muy jóvenes que llegaron buscando más recursos para sus familias en cuestión de meses se derrumban», advierte Cortezón. «Cuando les acompañamos intentamos que acudan a un centro de salud mental y que no se abandonen», comenta esta profesional. La solución es compleja, pero la situación es insostenible. «Sabemos que es complicado ampliar la atención que se da al colectivo, que todo nuevo recurso que se active se va a acabar llenando. Pero no podemos dejar de atender a los que ya tenemos. Tienen que dejar de ser invisibles. La propia Ley de Extranjería es un embudo que paraliza tres años un proceso de inserción al mundo laboral», asegura Cuena. De ahí que concluya que, para solucionar la situación generada, «habría que ir a la raíz del problema, no a las consecuencias». ECONOMÍA SUMERGIDA Cada envase de pregabalina, independientemente de que sea una dosis más alta o más baja, lleva 56 píldoras y está pensado para dos meses, a una por día. Su precio de reventa ronda los dos euros, lo que puede generar un mínmo reporte económico o dar pie a un trueque. PRESCRIPCIÓN AL ALZA Un informe elaborado por Osasunbidea en 2021 ya advertía que el 56% de las recetas de pregabalina quedaba fuera de las indicaciones autorizadas. También urgía a los médicos a realizar una vigilancia estrecha del consumo por su potencial adictivo.