05 FEB. 2026 DE REOJO Un rato de relato Raimundo FITERO {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} En la población gaditana de Grazalema llueve desde hace días y el agua brota del suelo, la escupen las paredes y sale por los enchufes de la luz y el teléfono inundando todo. Está batiendo récords de precipitaciones. Forma parte destacada de un relato de alcance que nos depara tópicos verbales y excepciones visuales. ¿Cómo es posible que el agua se filtre por los muros de las casas de tal manera que se ve a brigadas abriendo boquetes para que desagüe? Es un cuento de terror contado en un amanecer de resaca. Se ha alertado a la población, están las autoridades competentes a pie de desastre, los medios materiales y de personal están actuando coordinadamente, la solidaridad vecinal se ejerce de manera espontánea, pero los daños van a ser cuantiosos y de difícil cuantificación debido a la sensación de hito histórico que se puede interpretar como una venganza de la naturaleza, una dejación de calidades en las construcciones, un designio de los dioses o un simple episodio de las consecuencias del cambio climático todavía negado por los más recalcitrantes. El espectáculo televisivo está servido en primeros planos. Los equipos de reporteros y reporteras aparecen en las situaciones más peregrinas intentando retransmitir las emociones. La advertencia técnica es muy clara y amenazante: no ha terminado el desastre, Lorenzo no se ha ido. Se acumula material audiovisual de primera mano que en montaje tremendista nos solivianta y nos prepara para una contrición general. La moraleja que ya sabíamos es que el agua desbocada es una auténtica arma de destrucción masiva.