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Disparos


Durante su trayectoria artística, Niki de Saint Phalle trabajó con el objetivo de socializar la violencia silenciada que se ejerce, especialmente, contra las mujeres. «La familia, la sociedad y la religión me sirven de presas», indicó en 1974 a propósito de su película experimental Daddy (Niki de Saint Phalle, Peter Whitehead, 1973). Armada con un rifle del 22, el 12 de febrero de 1961, Niki de Saint Phalle comenzó a disparar sobre paneles a los que adhería objetos rellenos de pintura. Durante la performance disparaba a la composición, haciendo brotar los pigmentos, que se esparcían por la superficie. El arte explotaba; ella creaba a punta de escopeta. En una sociedad heteropatriarcal que se empeñaba en convertir en musas, madres o esposas a las mujeres, ella comenzó a abrirse camino paso a disparos; disparaba a los lienzos para que explotaran los colores. Sus disparos iban dirigidos a ese mundo normativo en el que se les decía cómo pintar y sobre todo si podían pintar o crear.

El disparo funcionó como desahogo, como empoderamiento. El uso de un arma, destinada originalmente a fines violentos, se convertía en arte en manos de una mujer. Saint Phalle disparaba contra la violencia que ella misma había padecido y contra la de su época. Sobre ellos dijo: «Tirando sobre mi propia violencia, tiraba sobre la violencia del tiempo».