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Movimientos indetectables de resistencia cultural


El pasado domingo fui al cine a una sesión de las veinte horas y estaba la sala llena. La película merece la pena, “Hamnet”, que es muy recomendable para todos los aficionados al teatro por diversos motivos que no voy a desvelar. Me encontré con una actriz de teatro muy activa y un actor que está acabando sus estudios y empezando sus pasos profesionales.Como es lógico, al final hablamos de la película y del hecho de estar la sala llena y de repente surgió algo que me tiene inquieto desde hace meses: se trata de que hay muchos profesionales que aseguran que las salas de teatro están recibiendo una magnífica aceptación y tienen ocupaciones relevantes por encima de las medias de hace unos meses. Esto se puede comprobar con ciertas dificultades, porque una butaca ocupada no siempre es una butaca comprada, por lo que los números en ocasiones son divergentes. Salió a relucir una idea que, entiendo, puede ser perniciosa: ir al teatro se ha convertido en algo de moda. Se indica en ese discurso que hay una parte de la sociedad que entiende que es estar al día ir a ver teatro. ¿Qué teatro? No tengo elementos para confirmar ni desmentir. De ser verdad, debe tener muchos matices. Puede ser que se estén produciendo movimientos indetectables de resistencia cultural.