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DE REOJO

La rana dardo


Un monigote de El Roto le dice a otro monigote, «Olvídate de la retórica, chaval, lo importante es saber hacer el eco». Y no existe otra manera más clarividente de explicar el ruido en el que nos manejamos con dificultades debido a tantas interferencias, a tantos ecos, de gritos extemporáneos que ocupan espacios interminables. Las tertulias no son otra cosa que cruces de ecos. Hay pocas voces propias entre tanto argumentario caníbal. Como medio mundo está inmerso en el postureo cuántico, y se creen que se puede estar en dos lugares a la vez, intentan presidir la procesión a la vez que están replicando las campanas.

Nos hacemos eco de noticias que no son otra cosa que una campaña de contrapropaganda. ¿Alguien había oído o leído algo sobre la rana dardo? Pues nos vamos a ir haciendo especialistas porque han decido en el centro de generación de posibilidades explicativas de la historia reciente de nuestra civilización que Alexéi Navalni, el opositor ruso que murió en prisión fue envenenado por epibatidina, algo que se encuentra en la piel de esa rana que es oriunda de lugares fronterizos entre Ecuador y Colombia. Podríamos hacer el eco y gritar con voz engolada: caso cerrado. Pero puede ser una simple patraña con una hipótesis blanda.

También nos podemos hacer eco de lo que está sucediendo en Kordofán del Sur, uno de los dieciséis estados que forman Sudán, donde están a punto de un colapso humanitario debido al asedio de los paramilitares. Una tragedia incesante, la desesperación enquistada en lo cotidiano. Otro desastre africano observado con excesiva distancia.