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EDITORIALA

El de la unidad es un problema de la izquierda española que requiere responsabilidad y rigor


Puede haber diferentes percepciones, pero no parece excesivo señalar que cierto clima de precampaña electoral se ha instalado ya en Euskal Herria. Resulta evidente y lógico en el norte del país, a las puertas de la primera vuelta de las elecciones municipales que se celebrarán el 15 de marzo, pero cada vez es más notorio también en el sur. En Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, el PSE busca con renovado ahínco marcar perfil propio respecto a su socio de Gobierno, un PNV que, a su vez, vive en una campaña constante contra EH Bildu. En Nafarroa, al margen de los impotentes aspavientos de UPN, el clima es más sosegado, aunque el herrialde no se libra del influjo de una carrera preelectoral lanzada desde hace tiempo en el Estado español.

En la derecha, la suerte parece estar echada tras el imprudente encadenamiento de elecciones autonómicas por parte de un PP que, sean cuando sean, va a llegar a las próximas legislativas atado de pies y manos por Vox. Al PSOE, muy debilitado, le quedan los golpes de efecto en la arena internacional y el botón rojo del adelanto electoral. En su mano sigue estando elegir el momento de acudir a las urnas, lo cual no es poco. A su izquierda, las aguas bajan sobreexcitadas tras la etérea propuesta lanzada esta semana por el diputado de ERC Gabriel Rufián y el parlamentario autonómico de Más Madrid Emilio Delgado.

LECCIONES DESDE IPAR EUSKAL HERRIA

Si la propuesta buscara realmente la eficacia, los protagonistas de este llamado a la unidad bien podrían buscar inspiración en Ipar Euskal Herria, uno de los pocos territorios del Estado francés que se resiste a la extrema derecha de Marine Le Pen. Buena parte de la culpa recae sobre un movimiento abertzale pujante que lleva años trabajando incansablemente desde la base, fortaleciendo comunidades y marcando prioridades y agenda. Los resultados de las municipales no serán sino el fruto de un largo y silencioso trabajo.

A la labor de hormiga se le suman alianzas inteligentes allí donde resultan útiles. Las pugnas partidistas lo han desvirtuado, pero la experiencia del Nuevo Frente Popular sirve de ejemplo. Ganó las legislativas y triunfó en las tres circunscripciones vascas.

Eso sí, para sacar las conclusiones adecuadas hay que entender las diferencias entre un sistema uninominal -un escaño por circunscripción- y uno proporcional -varios escaños por circunscripción-. Ya se ha explicado desde la ciencia política: fuerzas como EH Bildu o BNG optimizan su voto sin necesidad de más alianzas. Es en las pequeñas provincias españolas donde se castiga la división en beneficio de Vox.

Por mucho que sus resultados afecten, evidentemente, a Euskal Herria, electoralmente Vox es un problema español, igual que la unidad es un problema de la izquierda española. Si esta iniciativa ayuda a rehacer puentes, será una buena noticia, pero cargar esta tarea sobre los hombros de lo que siguen llamando con insolencia «izquierda periférica» no es de recibo. Partir de la base de que en el Estado hay «14 izquierdas defendiendo lo mismo», como apuntó Rufián, no es serio. Esto no quita para que la unidad de acción contra el fascismo sea necesaria.

DEL TUIT A LA REALIDAD

A la falta de rigor hay que sumarle una puesta en escena difícilmente comprensible. El acto celebrado el miércoles en Madrid, de guion imposible, sirvió para constatar que de la ocurrencia del tuit a la elaboración de un programa político hay un trecho.

«La culpa es de la izquierda y sus errores» nunca será un buen lugar desde el cual intentar recuperar terreno, igual que comprarle a la derecha el discurso sobre la proliferación de barrios peligrosos difícilmente va a servir para birlarle la bandera de la seguridad. Lo que se compra no se puede robar.