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FESTIVAL LITERARIO GUTUN ZURIA
Entrevista
VALERIE MILES
Premio BBK Gutun Zuria Bilbao

«El arte es arte porque existe y porque es un espejo de la realidad»

Valerie Miles (Nueva York, 1963) es doctora en literatura comparada, escritora, editora y traductora. En 2003 cofundó la revista “Granta en español”, publicación que también dirige desde entonces y desde la que ha impulsado traducciones de diversos autores vascos. Esta labor le ha sido reconocida con el Premio Honor BBK Gutun Zuria Bilbao de 2026.

(Oskar MATXIN EDESA | FOKU)

 

El Premio de Honor BBK Gutun Zuria de 2026 ha recaído en la escritora y editora Valerie Miles (Nueva York, 1963) por su labor en la proyección internacional de autores euskaldunes, como Harkaitz Cano, Eider Rodríguez, Karmele Jaio o Uxue Alberdi. Como ella misma explica, por su rol de editora, está acostumbrada a trabajar en la sombra y a hacer ganar premios a los demás, pero no tanto a recibirlos ella. Ahora, con merecimiento, ha sido reconocida su larga trayectoria dedicada a la difusión de la literatura, un arte que la apasiona y que, desde la revista “Granta en español”, ha contribuido a difundir y renovar.

Antes que nada, enhorabuena por el Premio Honor BBK Gutun Zuria Bilbao de este año. ¿Qué sintió cuando se lo comunicaron?

Fue una alegría enorme que hayan reconocido un perfil como el mío, no por el hecho de que figure mi nombre, sino porque trasciende a mi trabajo y significa que la literatura sigue importando. Yo trabajo desde distintos ángulos: soy editora y traductora, y antes que eso fui escritora. La gente los ve como compartimentos estancos, pero son parte de una vida entera dedicada a la literatura.

La escritura plasma la manera de ver la realidad de una persona. En cambio, editar y traducir es ponerte al servicio de esa visión, otras voces y otras lenguas, por lo que no es tan común que los que hacemos ese trabajo recibamos premios. Sí que he trabajado mucho para que otros los reciban -en algunos casos premios muy importantes-, pero esta vez he sido yo y estoy muy agradecida, porque formo parte de una comunidad.

El premio reconoce su labor por la difusión y proyección de la literatura vasca. ¿Cómo entró en contacto con el euskara y qué la atrapó?

Vine a Bilbao en la década de los 80 por razones afectivas y cuando escuché el euskara por primera vez me fascinó y me suscitó mucha curiosidad. Antes, cuando aún vivía en Estados Unidos y ni siquiera sabía que iba a vivir aquí, encontré una traducción de “Obabakoak” de Bernardo Atxaga. Como traductora, la gente cree que cambio unas palabras por otras, pero lo que hacemos es habitar una arquitectura mental, una estructura del lenguaje que luego trasladamos al papel. Eso es lo que encontré, aunque traducido, en Bernardo Atxaga. Estaba escrito en mi propio idioma, pero me demostró algo que no había visto nunca. Me pareció estar en un espacio singular.

Cada lengua es una manera de estructurar el mundo. No es simplemente una gramática, unas formas y unas palabras; es una mirada singular. Y el euskara nos permite mirar a un mundo que ya no existe.

En su mayoría, ha editado y traducido a mujeres. ¿Se ha roto el techo de cristal que limitaba la difusión y reconocimiento de las escritoras?

Sí, y ha sido de forma natural, no algo impuesto desde arriba. El gran cambio se ha dado cuando las mujeres, que representamos el 70% del público lector, hemos decidido que vamos a leer a otras mujeres, por lo que el mercado ha tenido que adaptarse. Los hombres leían a autores masculinos, pero no a escritoras. En cambio, las mujeres también leen libros escritos por hombres, así que no tienen que preocuparse. De hecho, las firmas masculinas todavía son dominantes, como se demuestra en que copan la mayoría de premios literarios.

Entiende la escritura como una experiencia compartida. ¿Qué aportan festivales como Gutun Zuria a la difusión y renovación de la literatura?

Los festivales y grupos de diálogo son fundamentales para nosotros, los profesionales, porque nos permiten debatir y reconocer la complejidad del mundo a través de la literatura. Al contrario de lo que sucede en ferias como la de Frankfurt, donde tenemos reuniones muy limitadas para hablar de nuestro catálogo, aquí es serendipia: el público se reúne para afirmar la necesidad de la literatura, hablamos sin un guion y dejamos que el azar haga sus delicias. “Granta en español” se nutre mucho de estos encuentros.

Defiende que la literatura no empieza «cuando alguien tiene algo que decir», sino que surge «desde una pregunta». ¿Cuál es la primera de las inquietudes necesarias para empezar a escribir?

En primer lugar, mencionaría la curiosidad. La literatura no son certezas; surge de la duda. Abre vías de pensamiento y de entendimiento, pero no las cierra. Es interpelación, una forma de hacerte mirar y pensar. ¿Dónde estoy yo en el mundo? Parece una pregunta fácil, pero no lo es, porque implica otra cuestión: ¿Quién soy yo? Nunca lo vamos a saber, esa es la trampa.

Estamos viendo un repunte de las novelas históricas. ¿Por qué los escritores echan cada vez más la mirada hacia atrás a la hora de crear?

Esto se debe a la necesidad que tenemos por conocer la historia, de hacer esas preguntas: ¿Dónde estoy y cómo hemos llegado hasta aquí? Mirar hacia atrás no es solo historia; es también memoria. Son los primeros pasos de una reconciliación con el pasado.

¿Por qué afirma que en tiempos complicados se hace buena literatura?

Porque la vida en sí es conflicto y la literatura nos permite entender que el conflicto no tiene por qué ser apocalíptico, sino que se trata simplemente de reconocer cómo somos. Nadie quiere leer que «hoy hace un buen día», «mi familia es maravillosa» o «me encanta mi trabajo». La novela es un espejo, un abismo hacia nuestras propias experiencias que nos hace ver que no estamos solos. ¿Cómo puede el mundo ahí fuera no ser conflictivo, si yo vivo en conflicto? La literatura nos muestra los extremos de la vida y nos recuerda que hay que mirar la realidad, aunque sea dura.

Por tanto, ¿cuál cree que debería ser la principal misión de una buena novela?

En este sentido, soy nabokoviana: no creo que una novela deba tener un objetivo; el arte es arte porque existe y porque es un espejo de la misma sociedad. Por tanto, no me gusta pensar que deba tener un efecto, ni que deba entretener. El arte literario existe como una expresión que no tiene una misión particular, porque sale de la herida de quien escribe. Y a veces, las palabras de un escritor que narra desde su herida son del tamaño de la herida de otro lector.

¿Qué busca cuando empieza a leer un libro?

El ser humano salió simbólicamente de la nada a la representación del mundo con el arte rupestre. A menudo, representaban manos en las paredes de las cuevas, ya fueran pintadas o solo el contorno. Así se ha documentado en Indonesia, Argentina, Altamira o Chauvet. Esto quiere decir que, en el fondo de todos nosotros, existe una misma necesidad de representación simbólica. Pero, en Chauvet, me di cuenta de que a una de esas manos le falta un dedo, y está en diversos lugares de la cueva. Es ahí cuando dije: «Ah, aquí hay una historia». Una historia de sufrimiento, porque se trata de una pérdida, de algo ausente. Es el primer gran misterio de la Historia: ¿Quién era esa persona? ¿Qué le pasó? Eso es lo que busco sentir en una novela: alguien que esté en un lugar simbólico escribiendo desde su herida.