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DE REOJO

La compasión darwiniana


Mirando al mundo a vista de dron o de águila imperial, uno se cuestiona algunos asuntos filosóficos que nos han inspirado durante siglos, e intenta reproducir en bucle conceptos de la teoría de la evolución para intentar comprender en qué momento nos encontramos más allá de la IA, la estadística mamporrera y el precio del Brent. Cuando estoy en estos menesteres de juntar letras, en mi cabeza resuenan voces moduladas, canciones, coplas, arias y resultados de fútbol. Ahora mismo algo me incita a escribir: «compasión no quiero, quiero mejor indiferencia; y yo me alejo, me alejo de ti», que cantaba Maruja Garrido.

La compasión darwiniana se enfrentaba a las teorías eugenésicas de otros científicos que abogaban por hacer una selección de los seres humanos, suprimir a quienes nacen con alguna dificultad o discapacidad, intervenir desde la gestación para encontrar una especie imbatible ante ciertos avatares biológicos, mentales, físicos. Es decir, el fundamento de la teoría nazi del espécimen ario como modelo único para crear un imperio superior. Darwin esgrimía que la compasión formaba parte de la evolución de la humanidad. ¿Vamos camino de una hegemonía étnica, racial, económica, religiosa que se expresa con bombas, secuestros, invasiones y guerras indefinidas? Vivimos en un contexto, en unos contornos, en unas sociedades que nos acompañan en nuestra mismidad, no somos animales, en muchos sentidos somos capaces de cambiar los condicionantes que nos atrapan. Por eso, seguiremos diciendo en voz alta con un claro sentido de especie humana: no a la guerra.