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DE REOJO

Estrechando lo estrecho


Todos los estrechos tienen su historia y su mítica argumental que hasta puede considerarse como su mística si nos atenemos a las leyendas y los cantares de gestas. Un estrecho puede ser un simple error geográfico o una división territorial por accidente geológico. El de Ormuz es hoy un reclamo histérico para el equilibrio consumista universal. Todos los contendientes, invasores y resistente, intentan estrecharlo lo máximo posible para causar daños al otro, a costa de hacerse daño a sí mismo y a todos los demás.

Entro en deriva y me asalta una pregunta, ¿puede ser la guerra un producto de entretenimiento de masas? En ciertas coyunturas se busca un enemigo exterior para desviar la atención sobre problemas internos, pero este desastre moral al que asistimos, ¿es un producto televisivo muy editado o estamos recibiendo información fehaciente de los acontecimientos? Lo más acertado es instalarse en el convencimiento de que es un producto de propaganda, muy censurado, se nos filtra lo que interesa a una parte, la invasora, y no tenemos información veraz y contrastada de la otra parte. Cuesta creer que alguna vez sepamos los porqués reales de esta situación de caos económico mundial provocada.

Los análisis que nos aturullan o bien son militares, es decir, teóricos y muy influenciados por la ideología, o económicos, es decir ,catastrofistas sin ningún rigor al ser especulativos. Políticos, muy pocos. Humanitarios, de refilón. Atolondrados y sinsustancias, muchos y variados. Eso sí, son parte del negocio global. Armas, energía y desinformación por acción u omisión.