19 ABR. 2026 FINAL DE COPA Sevilla hierve en un DÍA de éxtasis blanquiazul Media Gipuzkoa estuvo ayer en Sevilla. Bueno, igual es un poco exagerado, porque desde cada pueblo, cada casa, cada bar del herrialde se empujó con fuerza, pero lo cierto es que el ambiente en las calles de la capital hispalense fue espectacular, con miles y miles de personas que estuvieron disfrutando de lo lindo durante las horas previas a la gran final frente al Atlético de Madrid. Euforia absoluta en la fan zone, mientras en el exterior la actitud policial causaba algunas tensiones. Abajo, la aplastante mayoría txuri urdin en el centro de Sevilla. (Gorka RUBIO | FOKU) Imanol INTZIARTE {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Calor por encima de los treinta grados y el Atlético Madrid como rival. Como si nos hubiéramos montado en el Delorean de Doc y acompañáramos a Martin McFly en un regreso al pasado, casi cuarenta años después. Pero el Guadalquivir no es el Ebro, la Giralda no se parece al Pilar y había una nueva historia que escribir. Ojalá con idéntico final, era el deseo. Si la noche del viernes fue blanquiazul por goleada, la llegada del Día D fue equilibrando las fuerzas. La relativa cercanía de Madrid con la capiltal andaluza permitía a los colchoneros salir prontito, disfrutar del día y regresar al término de la final. No obstante, el número de camisetas realistas seguía siendo mucho mayor. A primera hora, en las terrazas del centro y la parte vieja, txuri-urdines y rojiblancos tomaban posiciones para coger vitaminas ante lo que se avecinaba. Churros, huevos revueltos, croissants, zumos y café, mucho café. En la avenida de la Constitución, dos tipos disfrazados de Triki, el monstruo de las galletas, uno rojo y otro azul, se sacaban fotos con los transeúntes por un módico precio. Los manteros exponían su mercancía, con profusión de camisetas y bufandas conmemorativas, aunque preparados para recoger a la velocidad del rayo cuando detectaban la presencia policial. Se dejaba notar el amplio despliegue tanto la guardia local como la policía española. Una señora preguntaba a los aficionados guipuzcoanos por los cánticos que habían estado coreando por la noche bajo su ventana. Lejos de estar enfadada por las molestias, sentía verdadera curiosidad. Junto a la catedral, las gitanas ofrecían a los aficionados ramitas de romero, para atraer a la buena suerte. Nunca está de más llevarse a buenas con la diosa Fortuna. No faltó quien se dio el capricho de ondear la bufanda mientras se daba un garbeo en una de las típicas calesas tiradas por un caballo. CAMISETAS VINTAGE Algunos desempolvaron del baúl sus camisetas vintage, con nombres como los de Juan ‘El Negro’ Gómez, Mikel Aranburu, Kubhauer, Joseba Zaldua -al que se vio disfrutando como un hincha más- o incluso Peiremans, cuyo ‘pintoresco’ paso por la Real dejó huella. La temperatura ambiental ganaba altura según subía el mercurio. Las cervezas caían unas detrás de otra, la calle Álvarez Quintero parecía la zona de la plaza Ferrerías de Amara en un día de partido grande. Pero si alguien pensaba que eso era poco, atravesar la cercana calle Mateos Gago suponía una odisea digna de titanes. «¿Pero qué es esto?», exclamaba una señora Las camisetas de ambas escuadras se cruzaban sin mayores incidentes. Llegó hasta el casco viejo comentarios sobre alguna carga policial contra hinchas realistas en la zona del puente del Triana, con algún herido leve. COMER ES DE COBARDES Era el momento de reponer fuerzas, aunque no faltaron quienes hicieron suya la máxima de que «comer es de cobardes». Pero qué bien vino sentarse un rato a la sombra, en una mesita, y picotear un poquito de jamón, unos huevos rotos o unos calamares rebozados. La hostelería sevillana no tendrá queja, ayer ingresó sus buenos euros. Tras el cafecito de rigor tocaba acercarse hasta la fan zone. Encontrar un taxi era cuestión de armarse de paciencia, aunque hay que reconocer que la ciudad cuenta con una gran flota y con precios bastante más económicos que en la capital guipuzcoana. También hay que decir que, según nos contó uno de los taxistas, su licencia de actividad es mucho más barata. TENSIÓN EN LA FAN ZONE El lugar designado para que se reuniera la afición blanquiazul se quedó indudablemente pequeño, el espacio era insuficiente para acoger a tantos miles de personas. Coincidiendo con nuestra llegada aparecieron una veintena de furgonetas de la Policía española para evitar que entrara más gente y se desbordara el aforo, al parecer tras ser alertados por la seguridad privada del recinto. Se vivieron momentos de tensión entre los agentes -con su habitual actitud frente a aficionados vascos- y seguidores realistas de toda edad y condición. En el interior sonaba la música de Brigade Loco. Todas las zonas de sombra estaban tomadas por cuadrillas y familias con aspecto de sofoco, acercarse a la barra era literalmente imposible. Por allí se dejaron ver numerosos jugadores del Sanse -tras jugar el viernes en Anoeta y viajar en bus toda la noche- y jugadoras del primer equipo femenino. Pero el agobio era tal que muchos optaron por quedarse en una pequeña loma del exterior, donde además los árboles ofrecían sombra y había varios puestos de vendedores ambulantes con bebidas frías, que también hicieron su agosto en pleno abril. Nunca se dieron por mejor pagados dos euros por un botellín de agua. FURGONETAS, CABALLOS Y KALEJIRAS Para evitar que cualquier chispazo encendiera la situación, se decidió suspender el último concierto, el de Süne, y adelantar ambas kalejiras. Primero arrancó la de Bultzada, con sus pancartas, cánticos, banderones y bengalas. Por delante, cinco furgonetas policiales y dos agentes a caballo. Los animales daban la sensación de estar bastante estresados, lógico ante el gentío y el ruido. Unos minutos más tarde partía por detrás la kalejira ‘oficial’, con la txaranga Ilargi al frente. Una media hora de caminata plantó a la afición blanquiazul a las puertas de La Cartuja. Restaban aún más de dos horas para que Alberola Rojas ordenara el inicio del partido, así que buena parte se quedó fuera del primer anillo de seguridad, donde se habían aparcado numerosas furgonetas de fast-food. Otros pasaron la primera barrera para consumir en las barras colocadas en dicho espacio. Poco a poco la gente iba entrando y tomando posiciones en el interior del estadio, donde ya se advertía el enorme mosaico blanco y azul con la ikurriña en el medio. Y así llegó la hora del comienzo. Junto a la catedral, las gitanas ofrecían a ambas aficiones ramitas de romero para llamar a la buena fortuna. De repente aparecieron junto a la fan zone una veintena de furgonetas de la Policía española, lo que generó momentos de tensión