04 MAY. 2026 EDITORIALA No diluir la verdad para hacerla aceptable {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Tres días después de comunicar por escrito al Congreso que las hostilidades habían «terminado», Donald Trump ha escrito en su red social que Irán «aún no ha pagado un precio lo suficientemente alto por lo que le han hecho a la humanidad en los últimos 47 años», abriendo así las puertas a un mayor castigo. Hace semanas anunciaba que «una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás», legitimando y haciendo imaginable así el exterminio de la nación iraní. Muchos se escandalizaron, y siguen condenando la guerra en términos claros, Pero hay quien parece sentirse obligado a matizar. Sugieren, intencionadamente o no, una forma de equivalencia: la guerra es injusta, pero Irán también es culpable; el genocidio en Gaza es horrible, pero los palestinos también tienen la culpa. Buscando una posición «equilibrada», hablan de «extremistas en ambos bandos», como si figuras como el ministro israelí Itamar Ben-Gvir y un palestino en Gaza pudieran compararse. Hace falta honestidad, contexto y valor de hablar con claridad. Esa constante necesidad de matizar -de equilibrar, de distanciarse- no promueve la verdad. Y no hay necesidad de diluirla para hacerla aceptable. La verdad es que el estrecho de Ormuz sigue bloqueado, y los petroleros están atrapados en el fuego cruzado, lo que supone una presión económica sobre los mercados energéticos insostenible en el tiempo, que no puede resolverse con poder aéreo o superioridad tecnológica a corto plazo. El alto el fuego no es firme y la guerra no ha terminado. Pero lo que sí se ha agotado es la suposición de que un armamento superior se traduce automáticamente en costes manejables. Cada interceptor de millones de dólares disparado contra un misil iraní de cientos de miles de dólares representa una pequeña derrota fiscal. Y con miles de lanzamientos, quien puede absorber los costes durante más tiempo, fortalece su posición y la creencia de que el tiempo corre a su favor. Irán construyó armamento barato, resistente, disperso y a gran volumen. La lección no es nueva; pero es más difícil ignorarla cuando la factura se paga en dólares en lugar de rublos.