31 MAY. 2026 EDITORIALA ¿Por qué exigir elecciones, y no democracia? {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Es extraño ver a un partido pedir elecciones cuando las encuestas no le son favorables y cuando el escenario que se abre tras esa convocatoria, en principio, no beneficiaría sus intereses. Si, además, a la mayoría absoluta de tu sociedad le repele esa opción, la maniobra es muy difícil de explicar. Eso le está pasando al PNV, partido al que ni la encuesta Focus de EiTB -supuestamente ganando-, ni el CIS -supuestamente perdiendo-, dan buenas perspectivas. La insistencia de Aitor Esteban en pedir a Pedro Sánchez que convoque elecciones, mientras afirma que es probable que ganen PP y Vox y admite que no secundarán una moción de censura, refleja que los dirigentes jeltzales creen que esos comicios les benefician, les dañan menos que otras opciones o pueden dañar a terceros. Coinciden en eso con Junts. Sus argumentos son débiles. Por un lado, si no hay presupuestos es porque ni unos ni otros no los quieren negociar en serio. Es verdad que tienen pendientes temas de negociaciones previas, pero otras veces eso no ha sido impedimento. Por otro lado, el acoso judicial contra el PSOE tiene en gran medida los mismos protagonistas que tuvo la ofensiva contra el independentismo catalán. A su vez, todos los señalados por policías, jueces y medios han sido los interlocutores de las fuerzas nacionalistas y soberanistas. No hay que ser paranoico para ver que los poderes del Estado buscan disciplinar al PSOE, laminarlo y reintegrarlo en la «unidad de destino en lo universal». Diversos analistas señalan que el PNV quiere ahuyentar un «superdomingo» que concentre las elecciones municipales y forales con las generales. Pero es que al PSOE no le conviene ese plan. Para seguir gobernando su única opción es que las fuerzas que le apoyaron tengan un buen resultado. Asimismo, si temen eso, pueden negociar con Sánchez que no lo haga, sin declaraciones públicas que solo logran reforzar las tesis de la derecha y el golpismo. De entre las fuerzas de las naciones sin Estado, el CIS del viernes indicaba que ERC va a la cabeza (2,6%), seguida de EH Bildu (0,9%), Junts en tercera posición (0,8%), seguido del BNG (0,7%) y de un PNV en mínimos (0,5%). Parece exagerado, pero indica una tendencia que no favorecería a quienes piden elecciones. A no ser que se crean la tesis de «cuanto peor, mejor». Había quien sostenía eso con la llegada de José María Aznar, y luego todo el mundo sufrió la regresión democrática. Claro que, por aquel entonces, CiU apoyó la Ley de Partidos contra el independentismo vasco. Que no lo olviden, porque el resto lo recuerda. Cabe recordar que Aitor Esteban pactó con Cristobal Montoro sus últimos presupuestos y mantuvo su apoyo al PP hasta el último minuto, con el artículo 155 en marcha y la condena por la Gürtel en ciernes. Un partido serio debe ser congruente en el tiempo. FOCUS VIENE DE ENFOCAR Otra encuesta que el PNV podría considerar más halagüeña sería el Focus de EiTB, pero un análisis pausado genera dudas sobre ese supuesto. En esa encuesta gana el PNV en la CAV, por décimas, ante una EH Bildu que no parece tener el techo que le querían fabricar. En Nafarroa esa tendencia de los soberanistas de izquierda se refuerza. En las valoraciones de líderes hay elementos que apuntalan ese auge. En Focus la que más debilitada sale es la fórmula de gobernanza que rige en esos territorios: el bipartito blindado entre PNV-PSE. Así, en todos los territorios e instituciones en las que necesitaron del PP para dejar fuera a EH Bildu, esa dependencia se agrava. Justificar esos acuerdos será cada vez más difícil, tanto para el PNV como para el PSE y el PSN, que asisten a cómo los descabezan y acosan a sus familiares. A no ser que la cúpula del PSOE se rinda y entregue. Pensar que con el PP y Vox aliados, implementando un programa de regresión democrática y una retórica abiertamente deshumanizadora del adversario, donde los vascos y las vascas siempre tienen un puesto asegurado, se van a abrir opciones políticas es un movimiento suicida. La sociedad vasca está en otro punto y los partidos deben liderarla. Recrear escenarios y lógicas pasadas es irresponsable. Es hora de defender la democracia, claro, pero eso no son elecciones en Madrid. Es un plan vasco por la democracia y la libertad.