12 JUL. 2026 KOLABORAZIOA Homenaje al desacuerdo Lander URKIOLA Periodista y especialista en comunicación política {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Cuando recibimos inputs sobre la política en la actualidad rara vez son positivos. El ruido que llega desde Madrid es ensordecedor, con un Congreso paralizado, un ecosistema político judicializado y un debate público enmarcado en el reproche, la acusación y la descalificación. Desde la política internacional el escenario tampoco es alentador, donde los acuerdos y negociaciones a más alto nivel se entremezclan con el sonido de misiles y sirenas de guerra. Y hoy, sin embargo, puedo mirar a casa y estar tranquilo. Si bien es cierto que el ruido mediático llega hasta nuestros salones, y no podemos ser ajenos a lo que ocurre en el Estado, tenemos que poner en valor la capacidad que ha tenido la política vasca para aguantar estas sacudidas. Con la tentación siempre presente de asumir posiciones enraizadas en el conflicto, y recurrir al uso continuado del discurso emocional y polarizante como táctica política, en Euskadi continúa primando un debate político racional centrado en identidades, propuestas y proyectos para el país. Una conversación donde el poder ejecutivo busca consensos amplios y la oposición desempeña su función de manera responsable y constructiva. Esto no quiere decir que no exista el disenso. Claro que lo hay. Y es más, es sano que lo haya. En la política confluyen diversas maneras de interpretar y habitar el mundo, por lo que es completamente lógico que se generen espacios y visiones en conflicto. Sin embargo, Euskadi cuenta con una gran capacidad para el debate sosegado y el acuerdo, siempre bajo unos consensos democráticos sólidos que son los cimientos para un proyecto nacional. Unos consensos ampliamente aceptados socialmente, donde quienes buscan su erosión suelen quedar relegados a la irrelevancia. La responsabilidad en la comunicación política es cada vez más un rara avis en la política europea. El rédito electoral apremia, el proyecto termina sucumbiendo ante la estrategia y la exposición mediática es más exigente que nunca. Esta combinación puede conducir a los partidos a acometer acciones que rebajen el nivel de la conversación política, pues están obteniendo resultados a corto plazo. Eso sí, si estas actuaciones comienzan a convertirse en la norma, el desapego y posterior desafección ciudadana por la política irá en aumento, algo que resulta peligroso para los sistemas democráticos. Pan para hoy y hambre para mañana. Por este motivo, quiero poner en valor la capacidad para la responsabilidad de la política vasca ante un entorno que empuja a lo contrario. Con un universo digital diseñado para ejercer de cámara de resonancia y herramienta polarizante, defender el debate pausado y racional en el ámbito público cobra mayor importancia que nunca. Un espacio en el que confluyen las distintas formas de entender el territorio, pero donde, además de competir por hacerse con los votos de la ciudadanía, se es capaz de trabajar, debatir, y en última instancia, llegar a acuerdos y consensos. Quiero poner en valor la capacidad para la responsabilidad de la política vasca ante un entorno que empuja a lo contrario