16 AGO. 2026 HACIENDO AMIGOS Cuando las buenas intenciones no bastan Gaizka IZAGIRRE HERNANI Hay algo que el cine popular hace especialmente bien cuando acierta con el tono y es desmontar prejuicios sin caer en la pedagogía. En ese territorio vuelve a instalarse David Marqués con “Haciendo amigos”, prolongando las constantes de “Campeones”, de cuyo guion fue uno de los responsables. La inclusión deja de ser un discurso para convertirse en una forma de convivencia; la diferencia se normaliza desde la cotidianeidad y no desde la excepcionalidad. Antonio y Félix, dos atracadores de poca monta, se hacen pasar por monitores de un grupo de teatro formado por personas con discapacidad intelectual para escapar de la policía. Pero “Haciendo amigos” confunde muy pronto la nobleza de sus intenciones con la solidez de su propuesta. Es una comedia amable, construida sobre una sucesión de situaciones y gags que parecen reciclados de ese cine del Estado español de vocación familiar que lleva años explotando la misma fórmula de la redención a través de la diferencia. La película nunca incomoda, nunca arriesga y nunca permite que el conflicto altere realmente la comodidad emocional del público. Marqués parece confiar en que la humanidad de sus personajes baste para sostener la película. Y, en parte, funciona. Pero no existe una puesta en escena que dialogue con el relato ni una construcción visual capaz de ampliar el sentido de las situaciones. Todo descansa sobre el texto y sobre el trabajo de los actores, mientras el lenguaje cinematográfico queda reducido a una función meramente instrumental. Es una tendencia cada vez más frecuente en buena parte de la comedia española contemporánea. Porque el cine no consiste únicamente en contar historias valiosas; consiste, sobre todo, en encontrar la forma de filmarlas.