03 SET. 2026 GAURKOA Ganar el futuro Gaurkoako lehenengo lerroa negritan, gainontzeko testua bost lerro guztira normal.gainontzeko testua bost lerro guztira normal.gainontzeko testua bost lerro guztira normal.gainontzeko testua bost lerro guztira normal.gainontzeko testua bost lerro guztira testua bost lerro guztira normal.gainontzeko testua bost lerro guztira Josu IRAETA Escritor {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Quizá porque soy parte de los supervivientes que durante meses vestían botas con clavos para evitar patinar en las heladas galerías del colegio, o porque sencillamente el clima de hoy −en mi entorno− se asemeja mucho a lo que hace seis o siete décadas sufrían en Extremadura. Lo cierto es que soy de los que añoran el frío de la montaña en invierno. Cuando el invierno en la montaña enseña sus poderes, cuando amanece y el aire corta la respiración, cuando la naturaleza expresa con suma claridad la razón por la que los ciudadanos viven «cómodamente» sin apreciar la contaminación en la que están inmersos. Es allí en la montaña, donde arropado por el silencio, y confortado por el fuego tímido que en el interior de la «borda» prevalece de la hoguera nocturna, hacen que pueda recorrer con la mente el largo camino que aún queda para vencer la locura interesada de los que nada toleran por su torpe ceguera política. El contraste que se percibe es enorme. Cierto que hemos visto regatas de traineras y un sinfín de pueblos en fiestas −incluidas las organizadas por los piratas donostiarras− que nos llaman al jolgorio, pero no es menos cierto que −allá donde nací− quienes «dicen» defender el humanismo cristiano, prohíben dar de comer al hambriento. Es así como veo perfectamente que aumentan de forma increíble aquellos a quienes la sociedad está dejando de considerar productivos, y califica de «exentos» del derecho a una digna calidad de vida. Cierro los ojos, y me sitúo frente a esa otra «mayoría minoritaria» que propone reducir el número de comensales en la mesa de la humanidad ante el temor de que se vaya a racionar el derroche de gozos y privilegios, que «sumidos en su nube» destrozan día a día. Este es el «escenario de certeza» que para sí y los suyos reclaman, una y otra vez, desde el mundo empresarial. Este es sin duda el contraste vital, no solo un fiel reflejo del presente, también lo es del futuro que estamos construyendo. Una actualidad que en mi opinión viene diseñada de lejos, tan lejos, que algunos pretenden se olvide para evitar concomitancias con el pasado. Un pasado que −en contra de lo que algunos manifiestan− debe ser consultado examinado y contrastado con el presente. Con esa intención, quiero atraer un pasado que fue decisorio, para intentar mostrar con claridad que lo que venimos denominando «escenario actual», tanto o más que el fruto de la lucha y el trabajo, es la adecuación planificada del pasado. Hay una frase que ha pasado a la historia, pronunciada por el dictador Francisco Franco; aquello de «Todo está atado y bien atado». Previsión certera, sin duda, pero hay otra no menos significativa y menos conocida del dictador ante el «fallecimiento» de Carrero Blanco: «No hay mal que por bien no venga». Sinceramente, no sé si esta frase y su reflexión ayudarán a entender la dura realidad, pero en lo que no hay duda es que el pasado nos acerca al «escenario actual» de manera clara y evidente. Para ello, basta analizar y contrastar los mensajes con los que unos y otros fijan su posición en el día de hoy. Todo el espectro político, tanto vasco como español, coinciden y conjugan sin estridencia alguna sus herramientas, exhibiendo con ellas una evidente impostura política que define y expresa implícitamente la armonía y complementariedad de sus proyectos políticos. El campo de intervención lo marca el hecho de haber legislado durante décadas a favor del ejercicio continuado de presión y acoso −contrario a derecho−, ya que supera toda barrera democrática con el único objetivo de asfixiar a la izquierda abertzale, tanto policial, como jurídica y políticamente. La aplicación de la citada legislación en el tiempo ha demostrado dos versiones; centralista y estatal la una, periférica y autonómica la otra. Entre los primeros, el PP y sus escisiones, afirman: «nada ha cambiado», y siguen sin nada que ofrecer a sus compatriotas. Continúan aferrándose al pasado y su mensaje se basa en la negación y el enfrentamiento. Como lo demuestra su actual comportamiento en Ceuta. El otro componente estatal, el PSOE, que gobierna desde La Moncloa, se limita a moverse sin estridencias, tiene muchos frentes a los que atender y uno de ellos le está obligando a «autoerigirse» en lo que José A. Primo de Rivera denominaba el «Espinazo de España». Tampoco parece sencillo soslayar la fuerte amnesia y el escaso pudor político que están exhibiendo algunos de sus compañeros vascongados. En el ámbito periférico, «me reitero en mi opinión», no conseguiremos atraer ni convencer a sus «correligionarios» ni para desarrollar siquiera el prólogo del extinto «Plan Ibarretxe». Estando como estamos, próximos al doctorado y con la vista fija en la cátedra, debe tenerse presente que el éxito no estriba en la habilidad, ni siquiera en la formación y conocimiento, de quienes circunstancialmente componen la dirección de un proyecto. Es la fuerza, el apoyo de quienes comparten el proyecto, quien decide el resultado final. La fuerza necesaria para ganar el futuro, nuestro futuro. Lo que venimos denominando «escenario actual», tanto o más que el fruto de la lucha y el trabajo, es la adecuación planificada del pasado