09 SET. 2026 EDITORIALA Urge repensar los modelos educativos {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} El varapalo que el último informe PISA, elaborado por la OCDE, propina a los sistemas educativos de Hego Euskal Herria es monumental, tanto por su contundencia como por su transversalidad. Se puede criticar este tipo de pruebas, pero no minusvalorarlas. Caen los resultados en comprensión lectora, en matemáticas y en ciencias. En el caso de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, la fotografía es devastadora. Se sitúan por debajo de la media europea y estatal en las tres materias. En Nafarroa la debacle es algo más matizada, pero no sirve de consuelo. La caída es igualmente dura. En estos casos, cada maestrillo tiene su librillo a la hora de explicar el fracaso; el problema es que sus razones suelen estar alineadas con sus intereses. No hay una razón que explique por sí sola semejante descalabro acumulado, porque son varias evaluaciones bajando de nivel. El análisis deberá partir a la fuerza de la distancia corta, cuestionando la pérdida de compromiso con las escuelas por parte del conjunto de la comunidad educativa -profesorado, familias e instituciones-. Pero el diagnóstico es mucho más complejo, porque el descenso en el rendimiento del alumnado vasco es a estas alturas indiscutible, pero hay que situarlo en su contexto: es una tendencia global. Euskal Herria no es la excepción. Es un fenómeno al que difícilmente pueden ser ajenas las nuevas tecnologías. Hace años que las pantallas colonizaron las aulas sin control ni prudencia, con las consecuencias hoy ya conocidas de pérdida de capacidad de concentración y retención. La irrupción de la IA tampoco augura mejoras, a no ser que se haga de un modo más consciente y responsable. Pero es igualmente ridículo señalar solo a la tecnología. Quizá sea también hora de revisar los desequilibrios entre competencias y conocimientos, entre metodologías y contenidos. Más allá de los lamentos, los resultados de esta evaluación deben ser un acicate para repensar modelos educativos con urgencia. Acusar a los departamentos de Begoña Pedrosa y Carlos Gimeno de la debacle puede ser injusto, pero reclamarles soluciones es pertinente. Porque los males son globales, pero los remedios pueden perfectamente ser locales.