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SECCIÓN OFICIAL: EL MAL PADRE

Y ellas, qué


El director y guionista Roberto Bueso ha sostenido su corta carrera sobre un excelente trabajo de caracterización, un perfilado de personajes que en las interacciones pequeñas entre los hermanos de “El mal padre” no falla. En esta sosias de “Casa en flames”, el cineasta tras “La banda” menea el avispero familiar preguntándonos si la reconciliación con el padre es posible, y si lo es implica perdernos por el camino.

El padre siendo el cabroncete con pintas de dandy Eduard Fernández, un intelectual que en su despacho guarda un garrote vil y lleva en la punta de la lengua, siempre, una hostia con saña. La elección del gran embustero Fernández -que repite las fórmulas del relato ben trobato de “Marco”, tan trasnochado e imponente como en ‘30 monedas’- resulta ideal, casi demasiado obvia. Proyecta el cabeza de familia una sombra lo bastante particular como para teñirlo todo de un rencor espeso, que permite que la risa se apague tan rápido como ha llegado. La gran ballena blanca en “El mal padre” no es el padre, sino los daños colaterales de su mano de hierro, y aquí brilla el trabajo de investigación de Adam Jezierski, Francesco Carril y Meritxell Calvo para dar aprofundidad a estos tres hermanos que no pueden hablar, así que quieren, matan y perdonan callando.

Pero ¿quiénes son, de verdad? No lo tengo claro, en especial para con los personajes femeninos. Porque, ¿qué pasa con Clara, que odia tanto? Y con la madrastra (Cristina Plazas), a quién el padre sedujo demasiado joven? ¿Es feliz? Tan ocupado anda el film rematando su arco redentorio sobre la negligencia heredada de ellos que casi se olvida de ellas.