25 SET. 2026 SECCIÓN OFICIAL: 7H40 CE MATIN-LÀ / MILO El relato debe cambiar de bando Mariona Borrull {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} No se trata del tema, sobre una mujer que regresa veinte años después de abandonar a su hijo para recuperarlo. Tampoco es cosa del reparto, con Marion Cotillard deshaciéndose de cualquier rastro de perfume Chanel para embadurnarse de hollín para pasar por una cualquiera, o Théodore Pellerin, perpetuo hijo con problemas e igual de nervioso y taciturno que en su último puñado de películas, desde “Nino” a la genial “Génesis”. El gran “pero” de “7h40 ce matin-là” no es más que su falta total de músculo para despegarse de las fórmulas del realismo de los hermanos Dardenne, una tortura íntima repleta de malas decisiones e imágenes vagas. ¿Quién no se habrá visto alguna vez cual Cotillard (perdón, Alice) pimplando una copa de vino carísimo después de arrastrarse, esforzada, por el barro de la servidumbre obrera? Es responsabilidad del cine dar imágenes nuevas, otras, a la miseria; a ser posible, sin abortar el noir callejero que mueve la película de Nicole Garcia, un motor anestesiado. El cine de género, de tapadillo tras la gravedad grisácea. Nada resulta muy original, o divertido en absoluto, según la directora responsable de las más resultonas “Le fils préféré” o “Place Vendôme”, con Catherine Deneuve. “7h40 ce matin-là” se conforma con un naturalismo acomodado, sin pulso ni urgencia real, porque vive tranquilo quien nunca ha tenido que activarse una alarma para ir a trabajar. Pero, ¿cómo rendir cuentas con una película escrita desde arriba sobre los problemas de abajo?