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CRíTICA: «Un castillo en Italia»

La decadencia familiar de los Bruni Tedeschi


En su segundo largometraje como realizadora, titulado «Actrices», Valeria Bruni Tedeschi habló del oficio interpretativo en primera persona; pero siempre le ha podido más el tema familiar, que ya estaba en su ópera prima «Es más fácil para un camello». Entonces se remontó a los convulsos años 70, con la muerte del patriarca, un rico industrial turinés colocado en la diana de las Brigadas Rojas. «Un château en Italie» muestra ya la total decadencia del clan, a punto de perder su patrimonio.

A raíz de la presentación en Cannes de la película se planteó un debate sobre el género al que pertenece, pues Valeria Bruni Tedeschi se resistía a admitir que había hecho una «autoficción». Es normal que una creadora rehúya las etiquetas, pero la que allí le colocaron resulta muy gráfica y acertada. No deja de ser en el fondo una ficción de inspiración autobiográfica, dado que se está refiriendo en todo momento a ella misma, en su faceta de actriz, y a su familia en cuanto representativa de la burguesía industrial en vías de extinción.

Lo difícil es saber a ciencia cierta si lo imaginado puede sobre la realidad, porque a la hora de hablar de su entorno más próximo elimina de la foto de familia algunos rostros conocidos, prefiriendo destacar otros. La ausencia más llamativa es la de su hermanísima Carla Bruni, alejada por voluntad propia del fenómeno mediático. El hueco que deja lo llenan la madre y el hermano fallecido víctima del SIDA a quien encarna Filippo Timi. En cambio, Marisa Borini se interpreta a si misma en el rol materno con todas las consecuencias. Las relaciones personales no mueren dentro de los Bruni Tedeschi, sino que se extienden a los Garrel, con presencia del hijo actor Louis Garrel, dispuesto a recrear el romance que mantuvo en la vida real con la protagonista, diferencia de edad incluida.

La ilusión que conlleva ese amor sirve para mitigar el sentido de perdida simbolizado por la imposibilidad de manetener el enorme palacio o castillo piamontés, que en verdad fue adquirido por el padre en los años 50.