24 JUN. 2014 CRíTICA: «Sapos y culebras» La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? MIKEL INSAUSTI Zinema Kritikaria Sin quererlo, porque no hay más que ver «Sapos y culebras» para darse cuenta de que Francisco Avizanda es un tipo ingenuo, el cineasta de Isaba acaba apoyando la tesis de que los familiares directos de los corruptos no tienen porqué saber sobre sus manejos fraudulentos. Se supone que lo que quiere contar en «Sapos y culebras» es la crisis de la clase media, pero se equivoca desde el principio en su objetivo al colocar como protagonista a una megapija, con la que el público no puede empatizar. Luego, la torpe dramatización, que es de telenovela de toda la vida, hace pensar en «Los ricos también lloran». Y ya que opta a la vez por un tono fabulesco, como de cuento o poema de Rubén Darío con princesas tristes, la conclusión debería haber sido más del refranero popular: «A todo cerdo le llega su San Martín». No sé si Avizanda quiere dotar a su segundo largometraje de un tono documental, con la inclusión de grabaciones de cámara oculta, pero el desarrollo resulta más bien surrealista. Hasta el punto de que me recuerda a aquella historia tragicómica de Luis Alcoriza que rodó Fernando Fernán-Gómez con el título de «Pesadilla para un rico». Entiendo que introduzca en la banda sonora una canción tan rancia como «Mi casita de papel», en alusión a los desahucios inmobiliarios, pero lo que no puede hacer es que la cante, una y otra vez, una chica joven de hoy en día, por mucho que venga de familia conservadora. Es como si quisiera conectar de alguna manera con su anterior realización «Hoy no se fía, mañana sí», que estaba ambientada en los tiempos del franquismo, a los que remiten algunos de los decadentes interiores escogidos para «Sapos y culebras». Las interpretaciones tampoco ayudan en la credibilidad del conjunto, pues los actores y actrices nunca transmiten la sensación de entender a sus personajes, poniendo el piloto automático. El único que se lo toma con ironía es Mikel Losada, que aporta a la película el poco humor que le permiten sus intermitentes apariciones. Es lo que salvaría en medio de la desorientación general.