06 AGO. 2014 Udate Opiniones Carlos GIL Analista cultural Se leen, escuchan, ven o sienten apreciaciones sobre la realidad que deslumbran por su ingenio, capacidad crítica o provocación. Un cáustico analista asegura que existe una trata de estéticas y que hay que abolir el proxenetismo cultural. Como los perros doy docena y media de vueltas sobre mi eje antes de caer en cuenta de la sutileza del comentario, el valor intrínseco de esta opinión. Sí, hay tráfico de estéticas. Apropiación indebida. La publicidad acostumbra a abusar en este sentido llegando a ejercer una violencia que debería tener repudio general. Las copias, remedos, parodias y subrogaciones de formas y formatos son una plaga que puede acabar con toda noción cultural más allá del eslogan y la patraña. Son opiniones aseverativas, taxativas que nos descargan de tensiones acumuladas. Prostituir la cultura de manera onerosa, puesta al servicio y lucro de quienes viven de ella, es algo más cotidiano de lo que sería recomendable. En todos los rubros. En todas las genealogías. Sin apenas espacio para la utopía y la vocación. Vidas entregadas a la cultura y las artes son las que construyen el imaginario colectivo histórico refundador de todos los ismos, de todas las corrientes y todas las formas de entender al ser humano frente a los dioses, el destino y los demás seres. No puede existir un proceso artístico regenerador sin una previa patología emocional, sentimental, clínica que impida percibir la realidad como una foto fija natural y reproducible, sino como una materia maleable y volátil con la que construir mundos paralelos en donde vivir en una frecuencia modulada por opiniones que tejen una nueva noción de humanidad.