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24º Mundial masculino

A la mayor gloria de Alemania

La Federación Internacional excluyó del Mundial a Australia para poder repescar a Alemania, que fue eliminada en junio en el play-off europeo. Islandia y Araba Saudí sustituyeron después a Bahrein y EAU.


Que el balonmano masculino es un feudo casi exclusivo de las selecciones europeas es algo evidente. En las 23 ediciones del Mundial jugadas hasta ahora, nunca un país no europeo se ha subido al podio, y solo 9 veces alguno ha quedado entre los 10 primeros, con mención especial para Egipto (una vez 4º, dos 6º y una 7º). Túnez fue 4º cuando lo organizó en 2005, y otra vez 10º; y las otras tres plazas fueron para Corea del Sur y Cuba (8º una vez cada uno) y Japón (10º una vez). En total ha habido 137 presencias no europeas en los Mundiales desde 1938, y 128 han acabado del undécimo puesto hacia atrás en la clasificación.

En este escenario el caso de Australia es único por lo extravagante. Cuando la Federación Internacional de Balonmano (IHF) amplió de 16 a 24 las selecciones de la fase final del Mundial, en 1995, lo hizo por varios motivos, entre ellos el deportivo. Quizá un poco por extender el juego a otros países -y en algunos casos ha servido para potenciar su avance-. Pero también pesaban los favores, la captación de votos para mantener el status de los dirigentes, e incluso el negocio. Con el tiempo, se comprobó lo absurdo de la ampliación en algunos casos, que ha ido en detrimento de la competitividad en los torneos.

Con el crecimiento a 24 selecciones se daba cancha a todos los continentes, incluso Oceanía, donde nadie juega a balonmano. En fases de clasificación que se decidían entre Australia y Nueva Zelanda los aussies fueron clasificándose para los Mundiales, hasta siete veces en las ocho últimas ediciones, con un balance global desolador: ha jugado 44 partidos, ganando uno y perdiendo 43. La victoria la logró en la edición de 2003 ante Groenlandia (26-21). En esos 44 partidos marcó 774 goles (menos de 18 de media) y encajó 1.657 (casi 38 por partido).

Y Australia se queda fuera

Australia se disponía a jugar también en Qatar, tras superar a Nueva Zelanda, otra vez, en la «fase clasificatoria» de Oceanía, disputada entre ambas a doble partido el fin de semana del 25 y 26 de abril, por un tanteo global de 54-36. Un par de meses después, a mediados de junio, se disputaban las eliminatorias de clasificación europeas donde buscaban el billete nueve selecciones, y Polonia eliminaba a Alemania (54-52 en el global). Alemania, meca del balonmano mundial, con los clubes más poderosos, multitud de sponsors, pabellones siempre llenos, docenas de las mejores figuras... pero con una selección abonada al petardazo, capaz de lo mejor y muy a menudo de lo peor.

Agobiada por las circunstancias, la IHF tomaba una decisión insólita a principios de agosto. No por el fondo de la cuestión, sino por la forma. Excluía a Australia del Mundial (aduciendo que actualmente no hay una Confederación de Oceanía reconocida por la IHF)... y le regalaba su plaza a Alemania. Tras el estupor inicial hubo reclamaciones. La de Australia, por supuesto, que no le importó a nadie. Pero también la de Islandia, al entender que en caso de que una de las selecciones clasificadas se cayera del programa, le correspondía a la federación continental del último campeón (España) designar al suplente -como se hacía hasta entonces-, en función de la clasificación en su último torneo continental, y siguiendo ese criterio la plaza era para Islandia, porque Alemania ni siquiera se había clasificado para el Europeo 2014.

La IHF, que había cambiado las normas a la carrera, adujo que ellos decidían a quien adjudicar la plaza, y que lo harían basándose en la clasificación del último Mundial, en el que Alemania fue quinta. Y no hubo más que hablar, pese a la pataleta de Islandia. Objetivo conseguido. Alemania estaba dentro.

Renuncias árabes

Un mes después, cuando ya se había digerido la situación, dos países árabes (Bahrein y Emiratos Arabes Unidos) anunciaban su renuncia a disputar el Mundial, probablemente por discrepancias políticas con Qatar (ambos países habían retirado sus embajadores en Doha en marzo). A la IHF le faltó tiempo para aceptarlo y nombrar a los sustitutos: Arabia Saudí... e Islandia. De nada sirvió la marcha atrás posterior de Bahrein y Emiratos.

Y eso no es todo. El anfitrión del Mundial es Qatar, bañado en petróleo y gas, que ha confeccionado una selección a la carta fichando jugadores de aquí y de allá. Los últimos han sido el portero bosnio Saric (Barcelona) y el lateral zurdo montenegrino Markovic (Hamburgo), junto a Stojanovic y Grco, el cubano Capote, el español Borja Fernández, el francés Roine, el egipcio Mabrouk, el tunecino Ben Ali... Un reclutamiento que ha levantado suspicacias, porque en algún caso parece incumplir de manera flagrante la normativa de la IHF sobre elegibilidad de jugadores para las selecciones. Pero el negocio es el negocio...