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ASÍ SE GESTÓ LA DEUDA DEL CLUB CON HACIENDA

Osasuna-UPN, connivencia fatal

Palacio de Diputación, 26 de mayo de 2005: Miguel Sanz y Patxi Izco presentan la camiseta de Osasuna para la final de Copa. Ambos sueñan con estrechar la mano del Rey. El líder de UPN va más allá en su discurso. Corren tiempos de vacas gordas y ha tomado la decisión política de convertir en «marca Navarra» el deporte de élite. La vía es la tolerencia con los impagos a Hacienda. Es exactamente el principio del fin, hace justo una década.


En realidad todo ha comenzado tres años antes, con la llegada a la Presidencia de Osasuna de Patxi Izco, tras una curiosa elección entre tres candidatos. Miguel Ángel Jaime Loinaz ejerce el papel de señuelo, pero el verdadero tapado de UPN es Izco, que adopta una posición centrada entre él y el aspirante más popular (Juan Manuel Pedreño). Y acaba ganando de calle.

Datos, números y anécdotas aparecidas estas últimas semanas por la explosión del caso («Osasuna» para unos, «Vizcay» para otros) arrojan una nueva luz para releer el pasado. Es en esa primera mitad de siglo cuando la deuda empieza a crecer en un club que poco antes ni la conocía. Como punto de partida simbólico se puede tomar la contratación en enero de 2003 de Chengue Morales, un tanque por el que se dice haber pagado 2,1 millones, pero hoy se sabe que en realidad fueron 3,7. Es la primera mentira de miles.

En aquel tiempo Osasuna se ha salvado agónicamente en 2001 (por el favor de la Real en Anoeta) y 2002 (con algunas victorias casi milagrosas a final de temporada). Izco ficha a un entrenador con cierto pedigrí, el mexicano Javier Aguirre, y quiere subir un peldaño. Halla un motivo de agravio con fácil venta política: la fiscalidad aplicada a los jugadores de fútbol en Nafarroa es mucho mayor que la de Gipuzkoa o Bizkaia. El presidente rojillo se queja de que Osasuna no puede competir en igualdad de condiciones cuando tiene que pagar el IRPF de sus futbolistas a un tipo del 48% frente al 25% de los de la Real y el 20% de los del Athletic.

Son los años en que a nivel estatal se aprueba la llamada Ley Beckham, que rebaja la tributación de modo excepcional a estos deportistas con el fin de construir la Liga de las Estrellas. Así que Izco tiene una amplia batería de argumentos ante Sanz. Y más en época de vacas gordas: en 2002 el Gobierno navarro acredita un superávit presupuestario de 32 millones.

La curva de evolución de la deuda reproducida en estas páginas, y desconocida hasta el pasado mes de junio, apunta a que es en esa época cuando Osasuna deja de pagar a la Hacienda foral el IRPF por sus jugadores, total o parcialmente. Un informe elaborado en 2013 por la entonces directora de Hacienda luego dimitida, Idoia Nieves, revelado ayer por ``Diario de Navarra'', afirma que Osasuna «incumplió sistemáticamente sus obligaciones fiscales desde el año 2004 en IVA y desde 2008 en retenciones del trabajo» (IRPF).

Sin embargo, el remanente no se usa para cuadrar las cuentas, que con la dimensión del club son inevitablemente precarias, sino para contratar a jugadores más caros. Con Savo Milosevic, que llega en verano de 2004, se rompe la barrera salarial del millón de euros, algo habitual en muchos equipos pero impensable hasta aquella fecha en Osasuna.

Para quien todavía se pregunte cómo se pudo llegar a tal «cañón», los números cantan. Con que no hubiera pagado nada de IRPF del serbio durante una de sus tres temporadas en Iruñea (es una hipótesis), el club acumularía una deuda con Hacienda de casi medio millón. Por tanto, el asunto recuerda a una bola de nieve lanzada por la montaña, pequeña al principio, enorme al final.

En esa legislatura 2003-2007, gracias a la ilegalización de la izquierda abertzale UPN alcanza mayoría absoluta con su socio CDN. Una situación insólita en Nafarroa que imposibilita un control efectivo de lo que pasa en Diputación en general y Hacienda en particular.

Aunque estos impagos se mantienen ocultos, la justificación verbal es cada más explícita. Todo el régimen, ``Diario de Navarra'' a la cabeza, se suma al victimismo, abonado por la realidad del innegable mejor trato fiscal a los clubes de los herrialdes vecinos. Patxi Izco lo adorna con toques populistas como la ruptura de relaciones con el Athletic en febrero de 2005.

Del todo...

Todo podía haber quedado ahí, en el limbo de los sueños de grandeza de tantos clubes menores, pero ocurre además que la pelotita entra en la portería y Osasuna empieza a encadenar éxitos impensables. Capitaneado por la clase y la garra de Pablo García, se cuela en la final de Copa de 2005 por primera y única vez en su historia. Sanz ve más clara aún la oportunidad de construir una «marca Navarra» en torno al equipo y a otros clubes deportivos en boga. Cuando presenta junto a Izco la camiseta para el Calderón, en la que al patrocinio de Caja Navarra se le han añadido serigrafiados los nombres de todas las localidades navarras, promete «colaboración» con la causa y remarca que también el Portland San Antonio ha ganado la Liga de balonmano masculino y el Itxako femenino apunta alto.

UPN se aprovecha de Osasuna... y Osasuna de UPN. Tanto monta, monta tanto Sanz como Izco. El club ubica su pequeña «Masía» en un centro construido con dinero público y traspasado luego al colegio religioso Amigó, al que está pertenece y representa su actual cabeza de lista, Javier Esparza. Además, en 2005 convence al Gobierno para arrancarle 1,5 millones más al año de ayuda directa a cambio de rebautizar El Sadar como Reyno de Navarra, contra la opinión de muchos socios.

Sanz solo tiene una queja que incluye en su discurso aquella mañana de 2005: «Las minorías radicales dentro de una afición magnífica y espectacular». No le gusta la grada del Calderón llena de ikurriñas en la final contra el Betis, ni tampoco los insultos que recibe domingo a domingo de Indar Gorri y que le hacen dejar de ir al estadio, pero lo toma como un peaje menor ante la gran oportunidad que se presenta.

Con la plantilla más cara de su historia, Osasuna acaba cuarto la Liga de 2006, en la que es líder tres jornadas, gana nueve partidos seguidos en el Sadar... La temporada siguiente no pasa la previa de Champions ante el Hamburgo, pero alcanza luego las semifinales de UEFA asombrando en Burdeos, Glasgow o Leverkusen. En diciembre de 2006 obtiene gran eco su designación como «mejor equipo del mundo» por una entidad estadística, al ganar los siete encuentros jugados ese mes en Liga y UEFA.

En paralelo, San Antonio queda subcampeón de Copa de Europa con algunos de los mejores jugadores del mundo en sus filas (Jackson Richardson, luego Ivano Balic...) e Itxako acaricia la Liga. Nafarroa va bien. El delirio alcanza su culmen con el proyecto del Navarra Arena y sus 10.000 localidades. Todo cuela.

Entonces nadie lo sabe ni sospecha, pero Osasuna ha acumulado más de 30 millones de deuda. Izco no lanzará las primeras señales hasta tiempo después. Los avisos de algún compromisario crítico en las asambleas anuales son desatendidos, porque los números ofrecidos por las juntas sí se atienen a la realidad y porque los jugadores confirman que Osasuna es un club «cumplidor», que paga lo que promete... menos a Hacienda.

El informe de Nieves revelado ayer es contudente sobre la actitud de la directiva de Izco, Vizcay y el entonces director general, José Gómez: «Dichos directivos obstruyeron gravemente la actitud de la Hacienda Tributaria». Habla de «varias llamadas de atención» desde la Consejería. Sin embargo, en su declaración judicial Izco se escuda precisamente en que antes de eso fue un consejero el que les dio manga ancha, sin concretar si se trató de Francisco Iribarren (1999-2007) o de Álvaro Miranda (2007-2012).

...a la nada

Pero sigamos con la historia, retornando a 2007. El encarecimiento de la plantilla hace que la relación gastos-ingresos no cuadre ya ni con los impagos fiscales. Los ingresos de la exitosa temporada europea apenas se notan. Toca vender jugadores. Y el equipo no tarda en resentirse. En 2008 se masca la tragedia: Osasuna se salva de churro en Santander, y según Vizcay el partido anterior, en casa contra el Murcia ya descendido (2-1), es el primero que la directiva compra. La declaración del exgerente no es rotunda, por lo que debe tomarse con todas las cautelas.

La afición asume con normalidad la vuelta a la zona baja, pero Izco, no. Nada más comenzar la siguiente temporada echa a José Ángel Ziganda y contrata al exseleccionador español José Antonio Camacho. Se publica que él y su equipo técnico cobran un total de tres millones por temporada, lo nunca visto en Iruñea. Osasuna sobrevive dos temporadas más gracias a la aparición de talentos como Azpilicueta, Monreal o Juanfran, pero la deuda está ya absolutamente desbocada y ni sus traspasos remiendan el agujero.

La Ley de Murphy entra en acción. En 2008 no solo se empieza a caer el equipo, estalla también la crisis económica. Las alegrías se acaban para el Gobierno foral, probablemente alguien reclama a Izco que eche el freno. El presidente admite al fn que la deuda preocupa «pero está controlada», y recuerda que Osasuna tiene un importante patrimonio en el Sadar y Tajonar, del que no disponen otros clubes. Pero cualquiera sabe que con el derrumbe del ladrillo el valor eventual de esos solares también se deprecia mucho.

El fantasma del descenso no da tregua. En 2010-2011 Camacho, enfrentado con Graderío Sur como se entreveía desde el principio, es despedido, lo que obliga a un dispendio extra. José Luis Mendilibar salva al equipo, pero se empieza a hablar ya de la necesidad de bajar los sueldos de la plantilla como sea.

En 2011, Yolanda Barcina sustituye a Miguel Sanz al frente del Gobierno. Puede ser entonces cuando Hacienda dice basta definitivamente. Un dato revelador es el destapado recientemente por el iraní Javad Nekounam. Como el club no ha pagado su IRPF, una inspección fiscal concluye embargándole 800.000 euros. Si eso es lo defraudado por Osasuna con un solo jugador en un máximo de seis temporadas, las decenas de millones de deuda empiezan a ser más que explicables.

Patxi Izco se marcha por sorpresa en 2012, a mitad de legislatura. Visto lo visto, es mejor decir que huye. Le sustituye su número dos, Miguel Archanco, pero se queda Ángel Vizcay, el hombre que mueve todos los hilos desde dos décadas atrás. Y el que en una asamblea de 2013 da sus primeras señales de locuacidad: «Si se pagaba a Hacienda no se podían hacer otros pagos -justifica en un momento de la reunión-, como fichar jugadores. La propia Hacienda nos decía que no nos preocupásemos, que se llegaría a algún acuerdo y demás». Sorprendentemente, la confesión no alcanza el grado de noticia. Unos no se lo creen y otros no se lo quieren creer.

La imposibilidad de hacer fichajes de peso se intenta compensar con otra política: traer promesas jóvenes de otros puntos del Estado. Un error más. No funciona en lo deportivo, encarece Tajonar y acaba con el cierre de la residencia y el descenso del filial a Tercera.

Con Archanco, paradójicamente encarcelado antes que Izco, Osasuna anuncia que empezará al fin a devolver la deuda, con un plan detallado y a un ritmo de cuatro millones al año. En su comparecencia ante el juez, Archanco afirma que incluso en esa época Vizcay se resistía a devolver el dinero: «Él nos decía `que se jodan los de Hacienda, que se lleven el campo y que nos embarguen lo que quieran, pero no hay que pagar'». En cualquier caso, el problema ya es demasiado grande, todo está desmadrado.

Hacienda empieza a cobrar algo, pero los impagos de Osasuna se trasladan entonces a jugadores, clubes convenidos, proveedores... Y, como suele pasar, los futbolistas corren menos: Archanco señala en el Juzgado a cuatro jugadores que se inhibieron en el partido realmente clave, ante el Celta a tres jornadas del final (0-2 en El Sadar). El caso es que tras un desplome de juego y resultados inexplicable de febrero a mayo, el descenso a Segunda elimina los potentes ingresos por televisión y descubre una realidad de cartón-piedra: Osasuna no tiene ni para pagar la luz.

El régimen hace un último favor al club cambiándole la deuda por el patrimonio del que tanto alardeó durante décadas, pero la bola ya está al final de la pendiente y se lleva todo por delante a velocidad de vértigo. Las afirmaciones de Vizcay sobre amaños de partidos solo son la gota que colma el vaso, el esperpento ¿final?